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Lunes 29 de Febrero de 2016

Vuelta al cole: te brindamos consejos para ayudar a tus hijos en esta adaptación

El regreso a la rutina puede causar situaciones de estrés en padres y chicos. En esta nota, cómo volver a los hábitos y superar la angustia de afrontar nuevamente obligaciones. 

La vuelta al colegio puede resultar una causa de estrés para los padres e hijos, implica un cambio de rutina dentro de la dinámica familiar, al que frecuentemente cuesta adaptarse. Después de unas largas vacaciones la familia debe acomodarse nuevamente a una gran lista de hábitos que habían estado en pausa, por ejemplo, acostarse y levantarse temprano, preparar la mochila y el uniforme el día anterior, comenzar con las actividades extra escolares, entre otros cambios.
El inicio de clases suele activar en los niños diferentes emociones. Alegría por reencontrarse con sus compañeros y maestros, tristeza porque se acabaron las vacaciones y todo el tiempo libre para jugar y disfrutar con sus papás, enojo por volver a acostarse y despertarse temprano, miedo a comenzar un año nuevo y a separarse de sus papás.
De acuerdo a cada edad, van a ir variando las emociones y su intensidad. No es lo mismo un niño de 3 años que recién va a escolarizarse que otro de 8 años que ya está en primaria o de 16 años en secundaria.
El primer día de colegio puede tornarse angustioso, sobre todo en aquellos niños que comienzan en un colegio nuevo o tienen que volver a un lugar en el que lo han pasado mal el año anterior. Para otros niños que ya conocen su colegio y han tenido experiencias positivas y agradables, vivirán ese día con más ilusión y entusiasmo que con miedo, pero igualmente pueden presentar nervios e inquietud.
Es importante poder hablar con los hijos sobre aquello que les preocupa e inquieta y acompañarlos y contenerlos para transmitirles seguridad. Frecuentemente, los niños logran en pocos días adaptarse exitosamente al colegio.
Cuando se presenta una situación nueva, en este caso comenzar las clases, suelen aparecer miedos y nervios normales que van a ir decreciendo a medida que el niño vive la experiencia. Sin embargo, un número reducido de niños desarrollan síntomas físicos de ansiedad frente a esta situación, siendo los más frecuentes, dolor de cabeza y estómago, rabietas continuas, poco apetito, dificultades para dormir, falta de concentración. Esta situación de ansiedad se da cuando el entorno se vuelve amenazante y no se perciben los recursos de uno para afrontarlo, sintiéndose en peligro y vulnerable. Los padres se encuentran preocupados y no saben qué hacer cuando estos cambios de conducta no cesan con el tiempo. Ante esto se aconseja, consultar con un especialista para evaluar a qué se deben dichos síntomas y poder tratarlos a tiempo.
Los cambios suelen generar dificultades para adaptarse, por lo cual se recomienda que la vuelta al colegio sea de manera gradual y no brusca.
Algunos consejos para lograr esto pueden ser:
- Volver a reorganizar y establecer los horarios y rutinas.
- Reservarse momentos entre una actividad y otra para disfrutar con los más pequeños.
- Buscar tiempo dentro de los horarios semanales para que pueda hacer alguna actividad libre y jugar.
- Ir graduando los horarios de descanso paulatinamente. Sabemos que cuesta madrugar, por lo que se recomienda a los padres ir despertando antes a los chicos aunque estén de vacaciones para que se vayan acostumbrando a la nueva rutina.No dormir suficiente hace más difícil mantener el nivel de atención necesario para aprender y el buen humor.
- Conversar con los niños acerca de las actividades que quisieran realizar este año. Si son varias, se podrían priorizar y comenzar con las que más les entusiasman y luego de un periodo de tiempo, evaluar si se suman otras actividades o se reemplazan.
Asimismo, como padres es fundamental ser la base de seguridad, brindándoles una respuesta contenedora. Nosotros contamos con competencias y habilidades para ayudar a nuestros hijos, buscando respuestas, reduciendo el mecanismo de "evitación" de la situación amenazante.
Mantener las rutinas, favorecer su autonomía, no brindar asistencia innecesaria, establecer límites claros y firmes, favorecer su expresión emocional, reforzar las conductas positivas, transmitir seguridad y confianza en ellos mismos son algunas de las estrategias para ayudarlos a disminuir el nivel de estrés. 

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