Mundo
Miércoles 05 de Agosto de 2015

Un estudio afirma que en la climatización de los edificios es un capricho machista

Eterno problema de elegir la temperatura de los aires acondicionados cuando en la oficina comparten jornadas hombres y mujeres. Históricamente, las preferencias fueron masculinas.

Una escena bastante común en los lugares de trabajo es la disputa por consensuar cual es la temperatura óptima cuando se enciende el bendito aparato del aire acondicionado: las mujeres sienten frío, mientras los hombres, calor.
Una de las razones de esta suerte de malentendido es que para los hombres la temperatura ideal es de 22 grados, mientras que para las mujeres es de 25. Esta diferencia de solamente tres grados es fundamental a la hora de establecer cuales serían los estándares ideales para diseñar correctamente un sistema de climatización. Los datos surgen de un trabajo publicado el lunes pasado por la revista Nature Climate Change realizado por los investigadores dinamerqueses Boris Kingma y Wouter van Marken Lichtenbelt, quienes como parte de su investigación se ocuparon de analizar la fisiología de 16 mujeres jóvenes mientras realizaban trabajos ligeros de oficina. Su estudio indica que su metabolismo basal estaba siginifcativamente por debajo de los valores estándar, lo  que les llevó a concluir que las mujeres requieren teperaturas menos bajas durante el verano para sentirse cómodas. En definitiva, para los hombres la temperatura ideal en la casa y en el trabajo es de 22 grados, y en cambio para las mujeres es de 25.
"Los estandares para los modelos de confort térmicos fueron establecidos en los años 60 por el investigador danés Ole Fanger ajustándose a los valores de un varón de 40 años y 70 kilos de peso", afirman los autores de la investigación, según el portal Voxpopuli.com. Estos estándares son los que todavía se usan para diseñar sistemas de aire acondicionado dejando afuera a las mujeres para los cálculos térmicos. Si bien Fanger en sus investigaciones reconoce que las mujeres son más sensibles a los cambios temperaturas, su escala de siete puntos llamada PMV que va desde el frío (-3) al calor (+3) está basada en el criterio que afirma que la temperatura que para la mayoría resulta neutral es independiente de parámetros como el sexo,
El trabajo de Kingma y van Marken recopila casos y estudios realizados en Japón, Finlandia y EE. UU., entre otros países, en hogares y oficinas de gran escala. Estos demuestran que la sensibilidad a las temperaturas es muy diferente en hombres y mujeres y ellas tienden a sentir mucho más frío en las situaciones de mayor refrigeración en idénticas condiciones de actividad y con la misma ropa. A pesar de esto, el diseño de edificios todavía se hace con el viejo estándar que resulta en un mayor gasto energético y discrimina a las mujeres, por lo menos durante el verano.
Los diseños de edificios, en general, no han tenido en cuenta estas diferencias entre hombres y mujeres y se sigue aplicando el viejo estándar que supone un mayor gasto energético y discrimina a las trabajadoras, al menos en condiciones de verano.
El estudio no incluye las condiciones de temperatura durante el invierno, por lo que los investigadores aclaran que puede ser con los sitemas de claefacción suceda lo mismo, pero a la inversa. Es decir que en las oficinas y en los edifcios inteligentes el calor se regule según las necesidades de las mujeres, por eso la queja de los hombres que por lo general se sienten acalorados e incómodos por tener una actividad metabólica mas alta. La sugerencia de Kingma y van Marken es a quienes diseñan estos espacios: buscar armar ambientes diferenciados (lo contrario del modelo de la oficina abierta u Open office), flexibles y personalizados que respeten las necesidades de cada sexo, rangos de edad y tamaño corporal. Lo que además redundaría en un menor gasto energético, ya que ahora se utilizan solo parámetros más altos que surgen de las temperaturas a las cuales los hombres se sienten más confortables.
Fuente: Suplemento ARQ

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