San Juan
Martes 10 de Febrero de 2015

Segundo día del Cruce de los Andes: Pasó el temible Espinacito y dejó varias caídas

Para principiantes, expertos y arrieros, subir esa mole de casi 5000 metros, siempre es un desafío. En todo el Cruce del 2013, no se habían caído tantos expedicionarios como sólo en esta segunda jornada.

Para quienes ya han recorrido la ruta sanmartiniana por San Juan, subir el Espinacito es todo un desafío, y por varias características. Sin dudas, subir de golpe a los 4800 metros de altura sobre el nivel del mar, tiene una exigencia física sin igual. Además de controlar el miedo a la altura y tenerle paciencia al animal que también sufre la falta de oxígeno.

Para esta edición 2015, el Espinacito tenía guardada varias caídas, pero no a la subida, sino en la complicada bajada (empinada, con muchas curvas, precipicio de ambos lados y animales que se retoban y no quieren seguir). Varios expedicionarios debieron afrontarla a pie y otros vieron el piso de cerca cuando alguna mula se tiró al suelo.

Las recomendaciones a veces quedan en el olvido: bajar muy despacio, dejarlo al animal que haga su recorrido en el tiempo que desee, tirar el cuerpo hacia atrás y apoyarse en los estribos dejando las piernas rectas, no sobrepasar al de adelante. A pesar de todo, nadie terminó más complicado que con algún raspón y un susto para contar de anécdota.

El Espinacito mete miedo, pero con paciencia y responsabilidad, se lo puede cruzar. Al llegar a la parte más alta, se puede disfrutar de un peñón gigante (el único en kilómetros a la redonda) con una vista que sólo se da en este lugar: quedar enamorado de poder ver el Mercedario y el Aconcagua más juntos que nunca.

Para almorzar había que recorrer varios kilómetros más para llegar a la Vega de Gallardo, un verdadero oasis en la parte más calurosa de esta primera parte. Allí el río permite a los expedicionarios descansar con poca sombra pero con un paisaje que deslumbra. Los animales aprovechan a comer un poco de pasto y beber toda el agua necesaria para lo que vendrá.

Queda aún un trecho más para poder llegar al sitio anhelado, el paradisíaco Refugio Ingeniero Sardina. En este momento es cuando el viento comienza a levantar polvareda porque hace mucho que no llueve en esta parte de la cordillera. Asombra ver los lechos de los ríos con muy poco agua.

Por fin termina la segunda jornada, allá lo lejos ya se ven las carpas y la soñada construcción de más de 50 años que fue construida para venir a realizar las mediciones níveas durante el invierno.

Es hora de entregar los animales y acomodarse en las carpas, varios pasaran por la guardia médica para controlar los machucones que dejaron las caídas. Mañana es día de descanso y para prepararse para el momento más emotivo y especial de todo el Cruce, llegar al límite, junto a los hermanos chilenos, para recordar con un acto, la gesta heroica del General Don José de San Martín.

 

Por Sergio Alfonsín

Director de sanjuan8.com

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