San Juan

Mantener la producción haciendo uso racional del suelo

La rotación de cultivos es una práctica fundamental para evitar la erosión del recurso, pero que muchas veces no se hace por razones de rentabilidad. La importancia del uso de los verdeos como abono.

El laboreo excesivo provoca la desestructuración del suelo. El pisoteo de los tractores y el uso de herramientas profundizan su deterioro. Foto/Jorge Amaya

El suelo es un recurso fundamental en la agricultura y requiere un manejo sustentable porque de lo contrario, en algún momento reclamará la falta de atención y cuidado. Esa demanda se traducirá en la pérdida de productividad progresiva del lote hasta que ya no sea rentable su explotación.

Hay muchos factores que propician su agotamiento y uno de ellos es el monocultivo. La práctica de plantar o sembrar una misma hortaliza año tras año le resta a la tierra las sustancias nutritivas que  necesitan las plantas para crecer adecuadamente. Sin esos nutrientes, el agricultor debe aumentar la dosis de fertilizantes -y con eso, obviamente suben los costos- para obtener los mismos resultados. Ese desgaste también se produce en otros cultivos permanentes pero con una incidencia menor debido a que hay menos movimiento de la tierra.

El monocultivo además provoca enfermedades de suelo que se profundizan la caída de la producción. Todo esto puede solucionarse con un manejo racional consistente en la rotación de cultivos e incorporación de materia orgánica entre otras prácticas. El problema surge cuando la racionalidad en el manejo se topa con la rentabilidad de ese cultivo. El productor quizá tenga la voluntad de rotar o de aplicar abonos verdes, pero se le complica porque le significa una erogación extra.

Por ejemplo, si un productor hace 5 hectáreas de cebolla, difícilmente puede hacer 5 hectáreas de acelga, porque no encontrará  mercado para tanta producción. Por lo tanto deberá optar por alguna otra de las más tradicionales como tomate o ajo.

Otro inconveniente también es que cuando el agricultor aprendió el manejo de un cultivo le cuesta mucho cambiarlo.

Abonos verdes
Los abonos verdes pueden ser una opción importante para incorporar materia orgánica. Se trata de verdeos de invierno (trigo, cebada,  centeno, triticale) o de verano (sorgo, mijo, moha) que se producen en ese campo cuando ya se ha levantado el cultivo principal. Estos verdeos se aran y se incorporan al suelo favoreciendo su recuperación física y biológica, pero constituye una inversión que no todos están dispuestos a hacer o pueden hacer.

“Para un productor, enterrar un cultivo es perder plata, cuando en realidad estás invirtiendo para no irte de tu finca, para evitarte después enfermedades, para evitarte que se te caiga la producción, pero el productor ve esa práctica como un costo”, dijo Luis Kulichevsky, ingeniero agrónomo del INTA.

Cuando un campo deja de ser productivo para algún cultivo en  particular, el agricultor que alquila tierras, puede buscar otra finca, perola tierra que rente quizá tampoco tuvo un manejo racional con lo cual sigue estando el problema. “Algunos productores que hacen ajo o cebolla han tenido que irse de su zona tradicional en Rawson o Pocito y han probado otros lugares como San Martín y Caucete. Allí comprueban que con el mismo esfuerzo o menos, los rendimientos son superiores porque son suelos que no han tenido esos cultivos. Pero eso tiene un costo de movimiento, de alquiler que a veces la rentabilidad del cultivo no lo paga. Porque si el productor tenía 5 hectáreas, se tiene que trasladar para cultivar 10. Entonces, ese salto de superficie muchas veces no resultó y algunos productores tuvieron que volver a su finca en la que estaban pensando que el suelo ya descansó. Y no es así: hay ciertas cosas que se pueden haber recuperado pero otras se pueden haber agravado y hay enfermedades como las plagas pueden vivir años ahí”, dijo Arturo Pechuán, otro profesional agrónomo del INTA.

Caso Jáchal

Durante mucho tiempo, en Jáchal se sembró cebolla año tras año lo que provocó una deducción de la riqueza nutritiva del suelo y la proliferación de enfermedades como fusario o raíz rosada. Eso se tradujo directamente en una baja de la producción, obteniendo una alta  tasa de cebollas podridas al momento de la cosecha o bien al momento de la venta.

Lamentablemente siempre hay pérdidas. En mayor o menor medida siempre hay cebollas para descartar, dijo Daniel allende, jefe de la Agencia de  Extensión rural del INTA en Jáchal. Hay una rotación indirecta porque el agricultor, luego de unos años de ver que los rindes van en baja, se traslada a otro campo, con el riesgo de que haya estado cultivado con cebolla y que el productor anterior no haya hecho una explotación sustentable de la tierra, formando así un círculo vicioso.

"Lo ideal es la rotación" Juan Carlos Mingorance / Presidente de la Sociedad de Chacareros

La mayoría de los productores trata de rotar su cultivo. Un año planta un cultivo de chacra y al siguiente año otro. Por ahí, al productor chico que no tiene tantas hectáreas le cuesta rotar. Pero hemos visto que si se siembran una y otra vez la misma hortaliza no anda bien. Por ejemplo, la berenjena no se puede plantar 2 años seguidos en el mismo cuadro. Una cebolla, en cambio, puede andar bien por algunos años. Lo ideal es rotar y el que puede dejarla descansar un año, lo hace. Algunos productores grandes plantan cereales como mijo o sorgo y cuando está por salir los granos, las entierran para mejorar el suelo.

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