San Juan
Jueves 18 de Diciembre de 2014

La historia del fraile sanjuanino que se convirtió en el asesor del Papa Francisco

El padre José Luis “Pepe” Guirado vive en Tafí del Valle, por un problema eclesiástico lo quisieron echar de su ermita, sin embargo, la ayuda del Pontífice no sólo le devolvió su lugar, sino que le hizo ganar un amigo en el Vaticano.

Nació en la capital sanjuanina, cursó sus estudios secundarios en el colegio San Francisco de Asís y allí descubrió su vocación a los 16 años. Se fue a Buenos Aires a estudiar en la Orden de los franciscanos. Fue formador del seminario y estuvo evangelizando en zonas desfavorables. Hoy vive en una ermita muy cerca de la coqueta ciudad tucumana de Tafí del Valle, en un espacio reducido que por pocos centímetros no alcanza los 12 metros cuadrados. No tiene electricidad, se moviliza en una vieja renoleta blanca cuya nafta es siempre donada, y se alimenta de la providencia de Dios y caridad de los vecinos. Es el padre José Luis Guirado, de 43 años, un franciscano que eligió una de las más humildes formas de vida y hoy, el Papa Francisco lo considera un asesor en algunos temas específicos.

Se levanta temprano, a las 5 de la mañana en punto comienza con sus rezos y nunca falta alguna compañía que lo ayude a elevar una plegaria. “Nunca estoy solo, si no hay algunos hermanos que me acompañen, tengo a las aves del valle que me vienen a visitar”, así arranca esta nota el padre “Pepe”, tal cual lo conocen todos en la zona.

De profundo carisma franciscano, su personalidad invita a escuchar, más que a hablar. No tiene problemas en invitar al visitante al interior de la ermita, esa que construyó con sus propias manos. Una familia de la estancia Las Carreras, acaudalada por cierto, le permitió afincarse en una de las lomas donde hay papas sembradas. Se fue solo, primero en una carpa, donde pernoctó varios meses hasta que le donaron una casa prefabricada de una sola habitación y un baño. Allí pasa las pocas horas que está en el lugar, ya que pronto se dispone a recorrer las calles o visitar a los vecinos que se anotaron en una extensa lista para recibirlo en sus casas.

Está muy al tanto de lo que sucede en San Juan, cercano a las fiestas de fin de año, permanece en contacto con sus padres y hermana Ana María, profesora de la facultad de Filosofía de la UNSJ. Puede comunicarse sólo cuando llega a Tafí del Valle, distante a unos 13 kilómetros de Las Carreras, ya que su viejo celular sólo capta señal cuando está en la zona urbana. Un pequeño detalle, debe buscar primero dónde cargar su batería.

“No sé si elegí venir acá o fue Dios quien me trajo, lo cierto que siento que este es mi lugar en el mundo”, asegura Pepe Guirado mientras ceba un mate amargo y sigue con su trabajo de huerta.

Su encuentro con el Papa Francisco

Hace un tiempo, el párroco de Tafí del Valle comenzó a ver la necesidad de prescindir del padre Pepe en la zona de la Estancia Las Carreras. “La verdad nunca entendí las razones, lo cierto es que sus intenciones llegaron al obispo y sin mediar palabra alguna, me pidieron que me fuera de mi hogar. Fue un golpe muy duro, no entendía nada, pero nunca perdí las esperanzas”, remarcó.

Al ver que las instancias se agotaban y veía cada vez más lejos la chance de volver a la ermita, decidió escribirle al Papa. Pasó el tiempo, se dedicó a otras labores dentro de la Orden Franciscana y un día, dando un retiro para monjas en Córdoba, pasó lo impensable. Estando a la hora del almuerzo, suena el teléfono del convento, una de las hermanas atiende: “Buen día, habla el padre Jorge, quería comunicarme con el padre Pepe”, fue lo que escuchó, a primera impresión, nada llamativo.

Fray José Luis dejó su plato de comida y fue a atender, la sorpresa lo dejó sin palabras, “no sabía qué decir, fue todo tan sorpresivo. Tenía ganas de gritar de alegría, las lágrimas inundaron mis ojos, pero me tranquilicé y empezamos a hablar. Me pidió todos los papeles de las acciones que se llevaron adelante para sacarme de la ermita de Las Carreras. Terminamos y quedó en llamarme”. La pregunta de este periodista fue más instintiva que profunda “y las monjas qué dijeron?”, “lo que pasó después aún sigue encendido, se emocionaron hasta las lágrimas y quien había atendido al Papa fue la que más lloró”, sonrió al contar el fraile.

Pasó el tiempo y Francisco volvió a contactarse, de hecho, el mismo Pontífice tuvo que esperar a que el padre Pepe tuviera batería y señal para contactarlo. “Cuando pudimos hablar, me dijo que me quedara tranquilo, que es cuestión de tiempo, pero que voy a volver a mi casa a seguir trabajando por los más necesitados, pero ahora con la ayuda de un amigo, el Papa”, no para de sonreír.

“Se interesó por un documentos que estoy terminando para un libro, me pidió que los mandara para leerlos, yo no podía creerlo, el mismísimo Papa me pedía mis borradores. Escribo sobre la familia, sobre el caminar después de las tragedias, hay mucho de lo que pasé yo para poder vivir así como vivo hoy”.

San Juan está a casi 900 kilómetros de su ermita franciscana y de la “Morada de Dios entre nosotros”, esa casa de retiros que atiende personalmente cada vez que alguien quiere imitar su estilo de vida. No se olvida, por el contrario, extraña, las costumbres sanjuaninas, está latente a cada instante algún recuerdo de lo que vivió en su provincia natal. Incluso, suele utilizar esas anécdotas en sus homilías, sobre todo cuando se refiere al viento zonda o las tranquilas siestas cuyanas.

Finalmente, la entrevista terminó, pero han pasado varias horas y en el silencio de la Estancia, nadie se ha percatado del paso del tiempo. La promesa de volver hace que la nostalgia se acreciente a minutos de la despedida. Luego de recibir la bendición franciscana, los 900 kilómetros de distancia entre Tafí del Valle y San Juan comienzan a acortarse.

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