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Lunes 27 de Abril de 2015

Mirá el sufrimiento al que se expone a los niños con un divorcio

Desde que nacen a la adolescencia. A cada etapa les afecta de una forma distinta la ruptura de la relación de sus padres

El divorcio es una situación nada deseable por una pareja que ve cómo sus planes y proyección de vida se quiebran por una u otra causa. Cada miembro lo asume de mejor o peor manera y superar la ruptura no siempre es fácil y dependerá del tiempo que llevaran juntos, la razón de la ruptura, la personalidad y madurez de cada uno y, sobre todo, de si tienen hijos.
 
Los hijos suelen ser las grandes víctimas de la separación de sus padres. Para ellos suele ser un hecho más o menos inesperado y que les rompe la estabilidad a la que estaban acostumbrados. Según la edad que tengan, así les afectará la noticia. Cristina Noriega, doctora en Psicología y autora de «Divorcio. ¿Cómo ayudamos a los hijos?», explica las diferencias en las reacciones emocionales según el momento evolutivo de los hijos.
 
Niños hasta dos años
 
Dede que nace, el bebé empieza a confiar en los adultos según los cuidados que recibe, primero de la madre o cuidadora y, poco a poco, del resto de figuras de referencia. Siendo muy pequeños, los niños no entiende qué es un divorcio ni lo que implica. Sin embargo, como en esta etapa de la vida son muy sensibles, cualquier cambio experimentado en el ambiente lo percibirán. Son capaces de sentir la ausencia de uno de sus progenitores. El no saber si volverá o no les crea angustia y lo más frecuente es que lo manifiesten con llantos intensos e irritabilidad, alteraciones de sueño y alimentación.
 
Pautas: la ausencia de uno de sus cuidadores es vivido por el hijo como un abandono. Es fundamental que el niño tenga contacto habitual con sus padres. Se le debe mostrar confianza y mantener rutinas y hábitos lo más consistente posible.
De dos a tres años
 
Ante un proceso de divorcio es posible que el niño, que se encuentra inmerso en una etapa con grandes hitos —andar, control de esfínteres...—, muestre dificultades: problemas psicomotores, falta de control de esfínteres, alteraciones de sueño, retraso en el habla, etc.
 
Son conscientes de las emociones que manifiestan —ira, rabia, tristeza...—, pero no saben cómo manejarlas.
 
Tendrán fantasías de que sus padres volverán a estar juntos ante la incapacidad de entender lo que está pasando.
 
Pautas: reasegurar al hijo que se le quiere y permitir contacto con ambos padres. Es común que el niño entre en la fase del «no» y los adultos deben marcarle límites siempre.
 
También hay que compartir actividades agradables con el niño y jugar con él para que pueda expresar más cómodamente su malestar.
 
En el caso de que manifieste conductas regresivas —chuparse el dedo o falta de control de esfínteres...— no hay que regañarle, sino ayudarle a que gane poco a poco autonomía y aprenda a controlarse solo.
 
Niños de 3 a 5 años
 
En esta etapa suelen hacer bastantes preguntas. Desarrollan su actividad, imaginación, cuentan historias, cuentos. También son egocéntricos, todo lo que ocurre a su alrededor tiene relación con lo que piensan: «papá y mamá se han separado porque me he portado mal».
 
También es una etapa de muchos miedos, sobre todo a quedarse solos o que sus padres dejen de quererles.
 
A esta edad tiene lugar la elaboración del complejo de Edipo cuando vemos a niños y niñas que se muestran posesivos con la madre y rivalizan con el padre.
 
Pautas: corregir posibles interpretaciones erróneas sobre qué es el divorcio. Insistir en que la culpa no es suya y que papá y mamá no le van a abandonar nunca.
 
Observar los cambios de conductas y corregirle explicando cuáles son las consecuencias. Mantener los hábitos y rutinas para que el niño sienta seguridad y continuidad.
 
Ante el complejo de Edipo, ayudarle a aceptar que él es el tercero.
 
Niños de 6 a 12 años
 
Es la etapa de latencia. El niño es menos activo que en la fase anterior porque dedica todas sus energías al ámbito escolar y al aprendizaje.
 
A nivel emocional salen de su egocentrismo y comienzan a ser más sensibles hacia sus propias emociones y las de los demás. Tienen mayor capacidad para entender lo que es un divorcio, aunque no suelen expresarlo por miedo a preocupar al padre o madre. Miedo al rechazo o sentimientos de culpa.
 
Todavía permanecen las fantasías de unión de los padres. Al no ver confirmadas sus esperanzas se sienten traicionados, tristes y rabiosos.
 
Pueden sufrir pesadillas, regresiones, sentimientos de abandono.
 
Pautas: es importante mantener contacto con el colegio para informar de la situación y reforzar sus logros en el aprendizaje. Hacerle saber que sus padres no le van a abandonar, pero que no volverán a estar juntos como pareja.
 
Adolescentes
 
Esta fase es complicada porque hay una búsqueda de su propia identidad y el adolescente suele revivir experiencias vividas de etapas anteriores. El divorico en esta etapa complica la construcción de su identidad porque ellos necesitan sentir mucha seguridad, por eso es frecuente que pongan a prueba a sus padres para confirmar que hay límites y que van a mantenerse a su lado.
 
Si el ambiente en casa no es seguro, sentirá miedos. Algunos experimentarán soledad y buscarán esa seguridad en grupos de iguales de los que tendrá excesiva dependencia. Muchos pueden encontrar vías de expresión de ira y la hostilidad a través de trastornos de alimentación, consumo de sustancias, conductas sexuales de riesgo...
 
Es habitul que realicen esfuerzos para reagrupar a sus padres. Alguna de las vías más frecuentes es la ruptura de normas o quejas psicosomáticas: dolores de cabeza, barriga, dermatitis, etc.
 
Pautas: Se le puede explicar en qué consiste el divorcio y hablar abiertamente de ello e implicarle en cuestiones como las decisiones de la custodia compartida. La mayoría de conflictos se reflejan en el colegio y es necesario estar al tanto.
 
Importante no convertir al hijo en pareja, padre o confidente. Es esencial que mantenga contacto con el progenitor de su mismo sexo para que asi pueda construir de forma adecuada su identidad sexual. 

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