Ovación
Lunes 27 de Junio de 2016

Messi y un final con la Selección que nadie quería anunciar

Considerado el mejor jugador del mundo, cinco veces Balón de Oro y dueño de una zurda magnífica que le valió sus récords como goleador, pegó el portazo en la Albiceleste.  

Un mesías, un crack, un marciano, un genio, un paria. Desde los 17 años, cuando empezó a jugar en la Selección Argentina llamó la atención por su juego. Sin embargo, el hecho de llegar a un equipo huérfano de Maradona le valió cientos de críticas. No es como “El Diego”, no tiene carácter, le falta pasión, no canta el himno, no juega como en Barcelona.

Argentina no logra levantar una copa desde hace 23 años, sin embargo es culpa de Messi. La Selección no pudo ganarle en dos finales de Copa América a Chile, y es responsabilidad de Messi.

El potrero del mundo señala a un jugador, al 10, por sus derrotas continuas. El país quiere gritarle al mundo que en algo puede ser el mejor, pero claro Messi lo impide.

Las pasiones futboleras se mezclan con los fracasos institucionales, con las rencillas limítrofes y con los rencores de guerras pasadas, que ni Messi ni ninguna Selección libró en Malvinas. Pero a Chile hay que gritarle que somos mejores. Mejores que ellos por un partido de fútbol, por una final de Copa América.

El grito hubiera atravesado la Cordillera de Los Andes, y por los bocinazos y las banderas flameadas en los autos y en los frentes de las casas hubiésemos sido mejores. Eso sin duda alguna hubiera permitido que la economía mejorara y que la corrupción se borrara de un plumerazo. Todo claro, por acción de Messi.

Pero el goleador de la Albiceleste, ese que logró superar a Batistuta luego de un gol que hoy nadie recuerda, por una final perdida, pegó el portazo. Con el rostro lleno de lágrimas y luego de haber errado el primer penal de la serie anunció su retiro.

Se va y con él quizá otros jugadores. Obvio, por culpa de Messi. Quizá no lo merecemos, quizá no lo valoramos, tal vez sea el tiempo de otros. Algunos que canten el Himno (aunque la Intro no la pueda cantar nadie) o que se peleen con sus rivales, o puedan jugar solos contra el mundo. Ojalá no se confirme el dicho que reza: “Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde”.

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