País
Domingo 23 de Octubre de 2016

Madre soltera por fertilización: una elección que crece a pocos kilómetros de San Juan

Según los registros de centros de fertilización privados de Mendoza, pasaron de ser el 0,5% del total de las consultas hace 7 años al 10% en la actualidad. En la mayoría de los casos son mujeres de entre 35 y 40 años que se deciden al ver que declina su fertilidad

La decisión no es simple, pero el deseo la genera. Hay mujeres que siempre supieron que querían ser madres y hasta se pensaron planificando la maternidad en pareja, pero ninguna funcionó y el insensible reloj biológico apresuró la decisión. Otras, en cambio, ni pensaron en compartir la maternidad y sólo sueñan con tener un hijo, así, solas, apelando a una técnica de fertilización asistida. Según los registros de dos centros de fertilización privados (en total son tres), por estos días cerca del 10% de las consultas provienen de mendocinas que buscan iniciar un embarazo solas.

"Es una tendencia mundial que ha crecido en los últimos 10 años y Mendoza no está ajena. Tiene que ver con un cambio en la forma de vincularse y las formas de parentalidad. Hay diversos casos, pero en términos generales son mujeres que tienen resuelta su estabilidad económica y de hecho son exitosas en sus profesiones, lo que les da la tranquilidad de poder iniciar este proyecto de familia solas. Suelen tener entre 35 y 40 años, y sabiendo que declina su fertilidad, algunas llegan consultando si pueden congelar sus óvulos para decidir en qué momento ser madres y la mayoría directamente viene con la decisión tomada de ser mamá", cuenta el ginecólogo Luciano Sabatini, especialista en fertilización. Él hace 7 años estableció su centro de reproducción en Mendoza y en aquel momento las consultas de mujeres solas era del 0,5 % del total.

En esa provincia si una mujer decide ser madre a través de una fertilización asistida (ya sea por una inseminación o una fecundación in vitro de alta complejidad) deberá indefectiblemente apelar a uno de estos centros privados de reproducción. Es que en el ámbito público sólo existe en el Hospital Central una sección de Fertilidad (primer piso, habitación 107) pero allí sólo diagnostican y realizan estimulación ovárica. "En los próximos meses se podrían empezar a realizar inseminaciones", acota el ginecólogo Emilio Gassibe, quien tiene a cargo ese consultorio junto con Fernando Manzur.

Hoy si una mujer busca inseminarse se la deriva a un centro público de Córdoba, que recibe todos los casos sin cobertura social de Cuyo.

Eso explica que entre las 5.400 consultas anuales que registra uno de esos centros mendocinos cerca de 500 son mujeres decididas a tener a sus hijos solas y formar así uno de los tipos de familias monoparentales.

La salud define el tratamiento
Antes de comenzar cualquier tratamiento, toda mujer deberá someterse a una serie de estudios que definirán si es conveniente realizar una inseminación o si es necesario una fecundación in vitro.
"Muchas llegan pensando en hacerse una inseminación, pero resulta que los estudios revelan que su fertilidad ha decaído y que no sólo es necesario apelar a una fecundación in vitro,sino que en algunos casos se requiere una ovodonación. Es fundamental definir esto para que la paciente también sepa lo que supone un tratamiento y otro, porque es ella quien pone el cuerpo", explicó Antonio Martínez, un referente de fertilización en la provincia.

Leyes que impulsan cambios
La Ley de Fertilización Asistida se sancionó a mediados del 2013, pero recién se comenzó a aplicar a fines de ese año y más tarde –a regañadientes de algunas obras sociales– se reglamentó en las provincias. Allí queda claro que los beneficiarios de un tratamiento son todas las personas mayores de edad que manifiesten su voluntad (consentimiento informado) de acceder a estas técnicas de fertilización para concebir. Esto obviamente incluye a mujeres solas con deseos de ser madres, algo que no se publicitó demasiado.

"El aumento de las consultas también responde a que la Ley de Fertilización les dio cobertura gratuita a muchas mujeres que tal vez lo venían pensando pero no podían acceder por el costo del tratamiento y ahora se informaron y saben que la obra social está obligada a brindarlo. Y también el nuevo Código Civil que les dio un marco legal a otros tipos de familias, entre ellas las monoparentales", analizó Sabatini.

El planteo del rol del padre
Uno de los primeros planteos que debe sortear una mujer que pretende ser madre sola es justamente cómo criará a su hijo sin el acompañamiento de una pareja y, más tarde, cómo le informará a su hijo que en este esquema familiar no hay papá.

"La mayoría llega con estos planteos resueltos, saben que el donante es sólo eso y no tiene rol alguno en la familia que van a gestar. Lo han hablado con el grupo familiar y ellos no sólo han respaldado esta decisión sino que en adelante van a ser la red que acompañará esa crianza. De cualquier manera antes de comenzar el tratamiento tienen una entrevista con las psicólogas para que ellas evalúen si esa mujer está preparada para tener y criar a un bebé sola", apuntó Martínez.

Esas entrevistas psicológicas en varios casos son reveladoras para definir quién tiene la voluntad de ser madre, posee por tanto un deseo genuino y está dispuesta a buscar ayuda de la ciencia para cumplirlo.

"En varios casos la maternidad está muy idealizada y eso hace que cuando se les informa de lo todo lo que tendrán que afrontar, aproximadamente el 40% desiste de iniciar el tratamiento en ese momento y decide evaluarlo con más tranquilidad", concluyó Sabatini.

"Mi hija sabrá cuando pueda entenderlo que esta familia no tiene un papá"
"A la edad que sea un hijo no debería llegar a la vida para rellenar un hueco, sino ser fruto de un deseo genuino. Yo llegué a los 40 años con mi carrera encaminada, capacitándome en lo que me gustaba y con cierta estabilidad laboral, pero sin pareja. Y en mi caso el deseo de ser madre siempre estuvo, así es que empecé a averiguar cómo hacerlo", dice en primera persona Adriana Narvarte (44), una docente universitaria que hace más de 3 años inició un camino que terminó en Mora, su pequeña hija que hoy tiene un año y 5 meses.
Su historia familiar está repleta de matriarcados. Su abuela se quedó viuda con cuatro hijos y sólo una máquina de coser para poder alimentarlos, y tanto su madre como sus tías combinaron maternidad con trabajos fuera de casa, por lo que a nadie le sonó descabellado cuando ella manifestó que había decidido ser madre sola.
"Se lo dije a mis amigas, porque temía que sus parejas creyeran que yo tenía un hijo sola porque quería dejar afuera a los varones. Pero cuando lo supieron me sorprendió su reacción: todos no sólo me apoyaron sino que resaltaron que era una valiente luchadora que seguía mi deseo y hasta me daban sus experiencias como papás. En mi familia, mis hermanas se convirtieron en la red que me contuvo todo el embarazo y ahora mismo. Hay que entender que ser madre soltera no significa ser madre sola", resalta Adriana, orgullosa del entorno que supo generar.

Embarazo y hormonas
Socialmente existe la idea de que el primer trimestre del embarazo, cuando comienza la revolución de progesterona, y el último, cuando el proceso llega al final, son un desafío tal para una mujer que exige el acompañamiento de una pareja. Adriana es la muestra de que en esto no hay reglas generales.

"Hay que cambiar la mirada que pone a la mujer como intolerante. Ponemos todo el cuerpo al servicio de la maternidad y el cambio se siente, pero para mí fue un proceso feliz. Yo me reía de cada situación. Un día no pude abrir la puerta de un placard y me largué a llorar, pero después entendí que tenía que hacer lo que podía y me reí de mi misma llorando por algo tan básico. La progesterona me puso súper hippie, tanto que la habitación de la beba terminó con una guarda de power flower (poder de las flores, un slogan hippie)", contó.

El planteo de qué contestará a su hija cuando pregunte por su papá tampoco fue un escollo para esta mamá. "Los adultos creemos que los chicos van a vivir algunas situaciones de manera angustiante, y en verdad ellos las naturalizan. Mi hija sabrá cuando pueda entenderlo que ella no tuvo un papá que la abandonó, sino que en esta familia no hay papá. Yo creo que los niños para crecer saludablemente necesitan cariño, cuidados y gratificación, y si a eso se lo da una tía, una abuela o un tío, para él será suficiente, no va a mirar el rol de quien se lo da", destacó. (Diario Uno Mendoza).

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