San Juan
Sábado 19 de Noviembre de 2016

"Los papás de bebés prematuros aprendemos a ser pacientes"

Así se define una pareja que tuvo a su primera hija con apenas 7 meses y pesando 1 kilo. Esta semana festejaron la semana del prematuro con Rosario María, ya en el jardín.

Sin dudas quien tuvo a su hijo en Neonatología por cualquier afección queda marcado de por vida. Sobre todo sabiendo que tu hijo es quien esta peleando entre la vida y la muerte. La historia de Cecilia y Ariel, tendrá similitudes con muchas más y será parte de la vida de la hija de ambos.

El matrimonio Godoy - Cáceres esperaba ansioso la llegada de su primera hija, a quien llamaron Rosario María . Todo fue normal durante el embarazo, hasta los 6 meses cuando Cecilia se hizo una eco que indicaba que algo no andaba bien. "Ahí se veía que la bebé no estaba subiendo de peso porque tenía tapada las arterias uterinas. A partir de este diagnostico cada 15 días repetíamos la eco. En otra la doctora vio que Rosario no sólo ya no había subido de peso, sin que también se había estancado en el crecimiento. En este mismo periodo comencé a tener los pies hinchados, un día fuimos a control y me dejaron internada, los análisis determinaron que tenía proteínas en la orina".

A partir de ahí comenzaron los casi 50 días en que Cecilia y Ariel vivieron en el Sanatorio Cimyn. Al notar que los análisis no mejoraron le colocaron a la mamá los madurativos pulmonares porque era inminente la llegada, adelantada, de Rosario." Le pregunte a la pediatra cual era la posibilidad de vida de mi señora y mi hija y ella me aseguró que mucha. Pero yo estaba muy asustado", recuerda Ariel.

La tan esperada primera nieta mujer llegó el 14 de enero a las 7.40, pesaba 1 kilo, "Cuando la sacaron del quirófano para llevarla a Neo, no la veía en la incubadora, las enfermeras me decían papá acá esta su hija y yo sólo veía ropa y cables, contó el Ariel.

Los días siguientes fueron de caos, llanto y mucha angustia. Rosario llegó a estar en 0.940 gramos, aunque afortunadamente el único mal que tenía era su peso. "Yo agradecía que ella no tenía nada mas, sus pulmones estaban bien, el corazón también sólo tenía que subir de peso", contó Cecilia.

Cuando recuerdan esos momentos es inevitable que no se les caiga una lágrima. La mamá recién pudo alzar a su hija a los 10 días de nacida y ambos pudieron verla juntos cuando cumplieron el mes de internación. "Al principio no era consciente de lo que significaba tener un bebé prematuro, yo decía que barbaridad hay un nene que esta hace un mes. Con el correr de los días entendí todo", relataba la mamá de Rosario.

La estadía en Neo hace que los papás establezcan lazos especiales con los chicos allí alojados. Cada vez que esperaban el parte médico todos se quedaban a escuchar el avance de cada bebé, "ellos se convierten en los únicos que te entienden verdaderamente la situación porque viven lo mismo que uno", decía Ariel.

Este matrimonio tuvo a su hija 45 días internada con el miedo que eso conlleva, "aprendimos a ser pacientes y que era la lucha del gramo así todos los días hasta que llegó al peso adecuado para dejar la clínica. Siempre le decía a mi señora, algún día vamos a salir por esa puerta", y se día finalmente llegó.

Los primeros momentos en la casa fueron de pura ansiedad, "chequeaba que respirara todo el tiempo. Es más, hasta extrañaba la incubadora y todo el ruido de Neo, porque yo sabía que ahí estaba cuidada", recuerda risueño Ariel.

Hoy Rosario ya está por cumplir tres años y lleva una vida totalmente normal, "la experiencia nos ha llevado a estar un poco celosos de querer buscar otro hijo. Pasar nuevamente por todo el proceso es muy duro", manifestó el matrimonio Godoy.


Comentarios