Mundo
Sábado 25 de Julio de 2015

Los gestos de la cara dicen mucho más de lo que pensás

Antes de que puedas hacer consciente algo que pensás o lo que te genera un aroma o una frase, transmitís lo que sentís con pequeños gestos de tu rostro, casi imperceptibles, que duran menos de un segundo. Aunque lo intentes no los podés controlar o evitar, pero hay quienes estudian para ser capaces de detectar estas "microexpresiones" en otros y así decodificar el lenguaje no verbal y actuar frente a ellas.

El 5 de septiembre se hará la primera certificación internacional en Buenos Aires para quienes quieran especializarse en este tema. Una de las capacitadoras será Laura Justicia, psicóloga experta en lenguaje corporal, directora de Signum y representante en Argentina de Center for Body Language, un espacio de capacitación orientado a los negocios. Conversamos con ella.
 
¿Qué son las microexpresiones?
 
Son movimientos de los músculos de la cara de muy corta duración (entre medio segundo o menos) y son señales de emociones. Es decir, las emociones que experimentamos (como tristeza, ira o felicidad) están en una parte de nuestro cerebro, el sistema límbico, que proyecta lo que sentimos automáticamente en nuestro rostro, produciendo una microexpresión. Es importante tener en cuenta que son expresiones involuntarias e inconscientes (es decir, se proyectan automáticamente) y, a la vez, son universales (en cualquier parte del mundo y cualquier cultura se pueden ver las mismas microexpresiones).
 
¿Podés darnos algún ejemplo?
 
Existen siete emociones básicas: la felicidad, la tristeza, el asco, el desprecio, la ira, la sorpresa y el miedo. Algunas emociones son más simples porque tienen menos combinaciones de gestos que otras. Por ejemplo, la emoción de asco contempla un movimiento muy típico, el fruncimiento de la nariz (cuando está encogida y aparecen arruguitas en la nariz); con esto uno trata de tapar las fosas nasales porque huele algo que le desagrada. Lo hacemos cuando abrimos la heladera y hay algo que no está bien o, también, cuando nos encontramos frente a personas o situaciones que nos desagradan.
 
Si las microexpresiones duran tan poco tiempo... ¿Cómo podemos detectarlas?
 
Hay un entrenamiento para aprender a detectarlas. Requiere mucha práctica poder comenzar a ver y diferenciar los signos conversacionales, que son determinados gestos que uno hace cuando habla -como levantar las cejas para dar énfasis a lo que se dice-, de las microexpresiones.
 
¿Nuestro cerebro las percibe aunque no hayamos hecho el entrenamiento?
 
Sí. Uno las detecta y percibe, lo que no se tiene es la conciencia de lo que se está percibiendo. En el entrenamiento se ayuda a leer esas microexpresiones y hacerlas consientes. Una persona tiene una emoción que se traduce en una microexpresión; la otra persona recibe eso y va a actuar en función de lo que recibe, aunque no medie la conciencia.
 
Pensándolo al revés... ¿Hay alguna manera de aprender a evitar que nuestro cuerpo y nuestras expresiones nos delaten?
 
Solo se puede aprender a identificarlas, ya que las microexpresiones son involuntarias e inconscientes, entonces no las puedo controlar: en la medida que una persona siente determinadas emociones, se van a traducir a su rostro.
 
Entonces no hay nada que se pueda hacer para evitarlas...
 
Exactamente. No hay nada que se pueda hacer para controlarlas. Sí hay un trabajo que hacemos en paralelo de empoderamiento del lenguaje corporal, para mejorarlo y hacerlo más congruente con el mensaje verbal que queremos dar.
 
¿Cuál es tu vínculo, o el del centro, con el psicólogo Paul Ekman, en quien se basa la serie de televisión Lie to me?
 
El centro toma algunas cosas de Paul Ekman, que es uno de los primeros que comenzó con estas investigaciones y su aporte más importante fue descubrir que las microexpresiones son universales. Por eso, tomamos muchos estudios de él, pero lo diferente de este centro es que trabaja enfocado fundamentalmente a los negocios.
 
Hay estudios que aseguran que una persona dice hasta tres mentiras en una conversación de 10 minutos. ¿Qué opinás de esto?
 
Sí. Y se escuchan hasta doscientas mentiras por día, ya sean grandes o más chiquitas. Por ejemplo, cuando alguien te pregunta "¿cómo me queda este vestido?" y aunque ves que no le queda tan bien le decís "te queda muy bien". Es una pequeña mentira, pero en general uno llega a escuchar y a decir hasta doscientas mentiras por día, según las estadísticas.
 
Entonces... Cuando alguien le dice a aquel que está entrenado en la detección de las microexpresiones que, como decías, el vestido le queda bien, ¿puede detectar que en realidad quiere decir otra cosa?
 
Uno adquiere cierta habilidad para aprender a detectar determinadas cosas. Pero siempre digo que no hay que obsesionarse y estar todo el tiempo pendiente de eso, sino dejar que la vida de uno fluya más allá de lo que uno pueda detectar. Hay que ser más relajado.
 
Decías que el centro está orientado principalmente a las empresas... ¿De qué les sirve entender el lenguaje facial?
 
En las empresas trabajamos con directivos y ejecutivos y ayudamos a que puedan ser líderes más empáticos e influyentes a la hora de trabajar con su equipo. Cuando un directivo comparte con su equipo la implementación de una cierta directiva va a comenzar a detectar ciertas microexpresiones que están a favor o en desacuerdo con lo que dice y, en la medida que pueda detectar eso, podrá captar y guiar la argumentación para intervenir y preguntar si hay algo que el resto podría aportar.
 
Por otro lado, para selección de personal en recursos humanos es muy importante: hay estadísticas que aseguran que en un currículum se miente en hasta un 60% de la información volcada. Entonces, hay determinadas técnicas que permiten trabajar en el momento mismo de la entrevista con el candidato y detectar esas incongruencias entre su currículum y lo que la persona dice.
 
¿Y pensando en el área de ventas?
 
Es importantísimo, ya que tengo a la persona a la que le estoy vendiendo un producto. Por ejemplo, si el cliente me hace una sonrisa que está enmascarando un desprecio en el momento que le digo el precio, me doy cuenta que no me va a comprar el producto porque se está sintiendo superior a mí y siente que ese producto no vale la pena. Pero si en el momento yo detecto esto puedo encaminar mi discurso y ofrecerle un producto de mayor calidad o precio que esté más acorde con lo que busca.
 
Si te ponés el "chip" de detectar microexpresiones cuando vas por la calle, ¿podés detectarlas en la gente que pasa?
 
Exacto, uno puede observarlas. Sentada en un bar se puede detectar de qué va la conversación aunque uno no llegue a escuchar de qué hablan, por ejemplo, si alguien está enojado o le dicen algo que le gusta.
 
¿Te pasó darte cuenta de que alguien te estaba diciendo algo que no era tan así?
 
Pasa, pasa usualmente. Uno detecta cosas, tratás de encaminar tu discurso y le podés decir "¿tenés algo que decirme?" Pero hay que ser una misma y no hacer sentir incómodo al otro, sobre todo, porque hay cierta paranoia porque uno le va a leer las microexpresiones.
 
¿Podés trabajar en vos misma con estos conocimientos? ¿O es siempre pensando en tu interlocutor?
 
Sí, también hay una vuelta. En la medida en que uno esté en conexión con uno mismo y mejor se sienta, va a tener emociones más positivas y, por lo tanto, va a mostrar microexpresiones más positivas y a contagiar en el otro emociones más positivas. También apuntamos a eso: si bien damos un entrenamiento en lenguaje corporal y en detección de microexpresiones, apuntamos a que la persona esté permanentemente en conexión consigo misma, porque uno puede detectar en el otro cosas que en realidad proyecta de uno. Entonces, hay que lograr un autoconocimiento personal para poder diferenciar y tener la mirada más limpia a la hora de detectar y hacer un análisis de microexpresiones.
 
Fuente: entremujeres

Comentarios