Mundo
Lunes 31 de Agosto de 2015

Las personas que lloran con las películas son más fuertes emocionalmente

¿Quién no ha llorado con el final de una película dramática? La empatía nos hace mejores y más fuertes. Dicen que "Si los ojos son la ventana al alma, las lágrimas son el limpiaparabrisas: mantienen las cosas en perspectiva".

Me atrevería a decir que todos, o al menos la mayoría, y quizá por muchas razones, pero también estoy segura de que quienes lloramos en las películas somos catalogados como “débiles” simplemente por ser más emocionales que el resto. Y lo cierto es que llorar cuando vemos una historia que nos identifica no nos hace para nada débiles, sino que todo lo contrario.
Un hombre no será menos masculino por llorar con una película, ni ninguna mujer será más débil por hacer lo mismo. Para nada. De hecho, algunas investigaciones aseguran que al menos el 92% de las personas suele emocionarse hasta las lágrimas durante una película, así que no somos los únicos que lo hacen. Otros estudios, además, demuestran que la ficción, o cualquier otra categoría, ayuda a mejorar en gran cantidad la capacidad de empatía en las personas, pues les ayuda a “ponerse en los zapatos del personajes” e identificarse con la historia de la que están siendo testigos.
De la misma manera, quienes empatizamos con otras historias de vida, nos volvemos más abiertos y comprensivos para con los demás. Podemos pensar de mejor manera e, incluso, adoptar como consejos esos testimonios que conocimos para saber cómo enfrentar la vida si algo así nos sucede. Y, al parecer, todo tiene que ver con el funcionamiento de nuestro cerebro, pues cuando vemos películas muy emocionales, nuestro cuerpo libera oxitocina, que actúa como neurotransmisor en el cerebro, y nos ayuda a a conectarnos con otras personas y nos convierte en seres humanos más empáticos y cariñosos.
Es por eso que ir a ver una película y reír o llorar sin vergüenza es bueno para nuestro cerebro, pues nos motiva a realizar cambios positivos en nuestra vida y ser más solidarios y comprensivos con las demás personas, incluso llegando a ser más fuertes emocionalmente, porque aprendemos a manejar nuestras propias emociones.
Y lo mejor es que no debemos sentir vergüenza por ello.

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