San Juan
Miércoles 15 de Junio de 2016

La vida sin tiempo en Casas Viejas

Tan sólo seis familias habitan ese inhóspito lugar, distante a 100 kilómetros de la ciudad de Caucete. Allí el reloj parece detenido. La luz de la luna y del sol son las lámparas más preciadas y la cría de animales su sustento diario. 

La tierra se extiende hasta donde llega la vista, las calles se fundaron a puro paso de aquellos que se atrevieron a desafiar la geografía. Allí no hay apuro, ni corridas diarias. Allí el tiempo parece haberse detenido. Casas Viejas muestra su paisaje, sus viviendas, sus familias, sus costumbres y su forma de vida.
Tan sólo con un pequeño recorrido uno puede conocerlo todo. Sin embargo hay mucho más detrás de esas miradas que expectantes reciben a los visitantes. En ese espacio uno puede descubrir que el sol y la luna son las preciadas lámparas de esas seis familias que viven de la cría de animales.
El territorio parece acabarse, los cerros enmarcan el paisaje y las risas de los niños se mezclan con el soplido del viento y el canto de los pájaros. Es San Juan, es parte de esta tierra. Ellos eligieron vivir allí y conservar las ancestrales costumbres de vivir de la cría de chivos y cabras, que venden en Caucete para comprar alimentos.
Una construcción nueva se levanta en el lugar. Se trata de los módulos aula que se instalaron para que los chicos puedan tener clases y poder estudiar. La escuela República Argentina, nada más y nada menos que con ese nombre, flamea orgullosa la bandera de la Patria. Allí los libros tienen un valor inconmensurable, allí cada hora de clase se aprovecha como un tesoro por el que se luchó mucho tiempo.
Seguirá el reloj detenido, en ese lugar en el que se lucha por mantener las costumbres y la ayuda mutua es la moneda corriente, pero la educación se extendió hasta ellos, así como Sarmiento lo soñó una vez para todo el territorio argentino.

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