Lunes 08 de Agosto de 2016

La nadadora que escapó de ISIS a nado ahora compite en Río

La historia es de película. Conmovedora y hasta épica. Un sueño realizado contra toda posibilidad. De refugiada al borde de la muerte a competir en Río 2016. Yusra Mardini entrenó en el centro de Wasserfreunde Spandau 04, uno de los clubes más antiguos de Berlín antes de ir a Brasil.

Da igual que su tiempo en las preliminares distara en casi 13 segundos del marcado por la sueca Sarah Sjostrom, la gran favorita al oro. El triunfo de Mardini no se mide en puestos, ni en marcas, la victoria de Yusra consiste simplemente en poder competir, en seguir viva. Todo empezó en el horror sirio.
 
Todos los aspectos de la travesía de Mardini a los juegos de Río han sido difíciles de creer. Competirá en el primer equipo de refugiados en unas olimpiadas, una hazaña que era impensable hace menos de un año cuando tenía el agua hasta el cuello en el mar Mediterráneo mientras nadaba para salvar su vida, cuenta el NY Times.
 
En agosto pasado, Mardini y su hermana Sarah escaparon de Siria, envuelta en una guerra civil al parecer interminable, con ataques de ISIS incluídos,  y se embarcaron en un viaje largo a través de Líbano, Turquía y Grecia; subieron por los Balcanes y Europa central, hasta llegar a Alemania después de esquivar su posible captura o muerte.
 
Cuando el bote donde viajaban se rompió entre Turquía y Grecia, ella y su hermana, quien también es nadadora, saltaron al agua y ayudaron a guiar el
bote hasta tierra firme.
 
"Desde que era pequeña me metían al agua”, dijo Mardini, quien creció en el suburbio de Daraya en Damasco. Su padre, un entrenador de natación, comenzó a entrenarla cuando tenía tres años. Mardini llegó a competir en el equipo nacional de Siria y recibió el apoyo del Comité Olímpico Sirio.
 
Pero la guerra se desató en 2011, cuando tenía 13 años, y ella vio cómo su vida, relativamente idílica, cambió.“De pronto no podía ir adonde quisiera o mi mamá me llamaba y me decía: ‘Regresa; algo está pasando allá’”, relató. Cerraban la escuela varios días, dijo, “o quizá alguien disparaba un arma y yo tenía que correr”.
 
En 2012, el hogar de la familia de Mardini fue destruido durante la masacre de Daraya, una de las peores matanzas de la guerra, cuando cientos de civiles murieron. El panorama siguió deteriorándose. Dos de sus compañeros nadadores fueron asesinados, dijo, y un día una bomba destruyó el techo del centro donde entrenaba.
 
El 12 de agosto de 2015, Mardini y su hermana se fueron con dos primos de su padre y otro amigo. Volaron de Damasco a Beirut, Líbano, y luego a Estambul, donde se conectaron con unos traficantes y un grupo de 30 refugiados con quienes se quedaron durante su viaje.
 
El grupo se trasladó en autobús a Esmirna, Turquía, y después los llevaron a un área boscosa cerca de la costa para subir a un bote que los llevaría a la isla griega de Lesbos. “Creímos que estábamos en el único autobús, pero había cuatro o cinco autobuses que partían cada día”, dijo Mardini. “Había 200 o 300 personas ahí, y todas esperaban hasta que no hubiera policías en el mar para irse”.
 
Después de cuatro días, Mardini y su hermana se subieron junto con otras 18 personas, entre ellas un niño de 6 años, en un bote con capacidad máxima para seis personas. En su primer intento, agentes fronterizos los atraparon y los enviaron de regreso. En el segundo, el motor se apagó después de 20 minutos, y el agua comenzó a entrar en el bote.
 
De las 20 personas que estaban a bordo, solo las hermanas Mardini y dos jóvenes sabían nadar, así que los cuatro se metieron al agua. Eran cerca de las 7 de la noche y la corriente que cambiaba de curso hacía que el mar fuera hostil y agitado.
 
Mardini y su hermana nadaron durante tres horas y media, y ayudaron a que el bote mantuviera su curso… incluso cuando los dos jóvenes nadadores se rindieron y dejaron que los llevara la corriente. Hacía frío, dijo Mardini. Su ropa la hundía y la sal del mar le quemaba los ojos y la piel. “Yo solo pensaba: ‘¿Qué? Soy una nadadora y ¿al final moriré en el agua?”, relató a NY Times.
 
Cuando llegaron a Alemania terminaron en un campo de refugiados en Berlín, compartiendo una tienda de campaña con seis hombres que habían estado con ellas durante el viaje.
 
Poco tiempo después de haber comenzado a entrenar con Mardini, Spannekrebs, su coach, pensó que podría ser candidata para los Juegos Olímpicos de Tokyo en 2020. Sin embargo, cuando supo que el Comité Olímpico Internacional podría reunir un equipo de refugiados, él y Mardini se dieron cuenta de que sus sueños olímpicos podían hacerse realidad antes de lo esperado. En enero, el comité le otorgó una beca de entrenamiento. 
 
Pero una medalla en Río está fuera de su alcance. Los tiempos más rápidos de Mardini son de un 1:08 minuto en la modalidad de 100 metros estilo mariposa y de 1:02 minuto en los 100 metros estilo libre, es decir, nueve y 11 segundos por detrás de los tiempos oficiales para calificar a esos eventos.
 
Eso no importa. Si lo que vivió. “Lo recuerdo todo, desde luego”, dijo. “Jamás olvido. Pero es lo que me motiva para hacer cada vez más. Yo no soy de las que se ponen a llorar en una esquina”.
 
Fuente: bigbangnews

Comentarios