Mundo
Martes 05 de Enero de 2016

Hay cinco claves para ignorar a quienes nos hacen mal

Existen personas que por su forma de ser o ciertas actitudes, incluso si son allegadas, pueden llegar a desequilibrarnos. ¿Puede salvarse la relación sin sacrificar el bienestar emocional?

Afortunadamente todas las personas somos distintas (cuán aburrido sería la existencia si, en cambio, las coincidencias fueran universales). A lo largo de nuestra vida, a medida que vamos ampliando nuestro círculo, creamos amistades con algunas personas a pesar de las diferencias y haciendo hincapié en las coincidencias. Con otras no tendremos la misma afinidad y quedarán como conocidos o compañeros.
Pero qué pasa cuando las diferencias afectan nuestro equilibrio mental. Según la psicóloga española, especialista en psicopedagogía, Jennifer Delgado Suárez “existen personas cuya forma de ser y comportamiento no se complementa con los nuestros y mantener una relación estrecha con ellas solo puede hacernos daño porque sus actitudes nos desequilibran, bloquean o nos impiden realizarnos plenamente como personas”.
“Hay relaciones que, aunque nos aporten determinadas cosas positivas, cuando las colocamos en una balanza, terminan causando más daño que bien. Se trata de relaciones tóxicas que contaminan nuestra vida y terminan contagiándonos emociones negativas que no necesitamos.Desgraciadamente, en la mayoría de los casos, esas personas no están dispuestas a cambiar, por lo que solo nos queda una salida: ignorarlas, o más bien, aprender a ignorar algunas de sus actitudes. Porque no tiene sentido sacrificar nuestro bienestar emocional solo para mantener a flote una relación que nos está causando daño”, explica Delgado Suárez, que plantea cinco recomendaciones para aprender a ignorar a las personas que nos hacen mal.
1. Las críticas destructivas.
Las críticas son positivas, siempre y cuando tengan un objetivo constructivo y nos ayuden a reparar un error o a crecer. Sin embargo,hay personas que solo critican por el placer de criticar y causarle daño a los demás. Si queremos blindar nuestra autoestima, debemos aprender a ignorar esas críticas. Una vez que has detectado a una persona así, que solo hace críticas destructivas, dejá de preocuparte por lo que piense sobre ti. Después de todo, sus opiniones no te permitirán crecer sino que tan solo servirán para desestabilizarte.
2. Las comparaciones inútiles.
Todos tenemos una tendencia innata a comparar. De hecho, se trata de una de las operaciones básicas del pensamiento, gracias a la cual podemos sacar conclusiones. No obstante, algunas personas recurren a las comparaciones para manipularnos emocionalmente. Se trata de gente que nunca está satisfecha y siempre compara nuestras decisiones, comportamientos o actitudes con otros, para hacernos quedar mal. Obviamente, si conoces a alguien que siempre menosprecia tus logros, es conveniente que aprendas a hacer oídos sordos de sus opiniones.
3. Las preocupaciones sin fundamento.
Todos nos preocupamos, pero hay personas que son verdaderos profesionales a la hora de buscar motivos para preocuparse. Se trata de gente que siempre tiene un problema para cada solución, que se centran en los aspectos negativos y siempre están avizorando catástrofes o desgracias. Obviamente, no necesitamos a alguien así en nuestra vida. No se trata de adoptar un optimismo ingenuo que no nos llevará a ninguna parte, pero rodearse de personas que solo ven lo negativo terminará deprimiéndonos y descorazonándonos, sumiéndonos en un estado en el que solo esperamos lo peor. Por tanto, es mejor aprender a ignorar ese tipo de vaticinios.
4. Las inseguridades innecesarias.
Los “expertos” en todo. Siempre tienen algo que opinar y se encargan de minimizar nuestra opinión, haciéndonos sentir insignificantes. Esas personas generan una profunda inseguridad, que termina socavando nuestra autoconfianza y nos pueden sumir en un estado de bloqueo emocional que nos impida cumplir nuestros sueños. Por eso, procura ignorar ese tipo de comentarios y actitudes, sobre todo cuando no tienen en su base un conocimiento profundo de la situación y no sirven para ayudarte a construir el proyecto que te estás planteando.
5. Las culpas erróneas.
Hay personas que ven la paja en el ojo ajeno pero no son capaces de percibir la viga en su propio ojo. Esta gente a menudo recurre a la sensación de culpa para manipularnos, haciendo que nos sintamos realmente mal con nosotros mismos, hasta el punto que pueden convertirnos en sus esclavos porque nuestro estado de ánimo y decisiones quedan sometidas a sus deseos. Se trata de gente que reclama continuamente y que jamás está satisfecha. Obviamente, es fundamental aprender a ignorar esos intentos de echarnos la culpa,para no caer en su red.

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