Ovación
Miércoles 19 de Octubre de 2016

Guardiola: "Critica todo lo que quieras. Nunca podrás ser más crítico conmigo que yo mismo"

El Técnico se refirió al duro momento por el que atraviesa y a quienes lo agobian con sus comentarios.

Tendemos a refugiarnos en nuestras convicciones y certezas, en todo aquello que nos genera sensación de seguridad y bienestar. Los psicólogos lo denominan "zona de confort". Consiste en permanecer cómodos en nuestro estatus y rechazar cualquier modificación sustancial del mismo. Muy a menudo la sensación de estancamiento que percibimos en nosotros mismos es el reflejo de esta voluntad de permanecer en la zona de confort. Sin embargo, los avances científicos, las creaciones artísticas, los progresos industriales o las evoluciones del pensamiento siempre han sido fruto de dos vectores: la ruptura con la comodidad y la búsqueda de nuevos paradigmas. El ser humano avanza gracias al cambio.

Una de las razones por las que Pep Guardiola es tan incomprendido –y, probablemente, también tan admirado– es su ansia constante por cambiar. Este ansia cubre cualquier perspectiva: la táctica, la estrategia, la gestión del equipo, la duración de su contrato y hasta el restaurante donde acostumbra a comer dos días antes de los partidos (uno de sus rituales). Guardiola vive instalado en el cambio.

Se marchó del Barcelona para conocer otras culturas y aprender disciplinas que creía necesitar para su trabajo de entrenador. En Nueva York, durante el año sabático que se tomó, visitó algunos de los mejores núcleos de excelencia endisciplinas muy diversas y que a priori parecen alejadísimas del fútbol como, por ejemplo, hospitales especializados en terapias paliativas contra el cáncer o laboratorios tecnológicos de comunicación grupal. Allí donde va, Guardiola muestra una curiosidad casi infantil por conocer los detalles de cualquier actividad que le resulte desconocida porque cree que esas enseñanzas leayudarán a avanzar e innovar y evitarán que se estanque plácidamente instalado en su zona de confort. En esta curiosidad voraz se halla el germen de su evolución y Pep tiene plena conciencia de ello.

Se impone así mismo viajar, conocer gente nueva y, sobre todo, gente que no pertenezca al mundo del fútbol, que realice actividades alejadas del mismo. ¿Cómo se entrena la nadadora Katie Ledecky? ¿Cuántos días puede escalar montañas Kilian Jornet sin comer y qué métodos utiliza para sobrevivir? ¿De qué manera han construido los All Blacks de rugby una profunda cultura de equipo? ¿Cómo gestiona Woody Allen el ego de los actores? ¿Cuáles son los últimos avances del MIT de Massachusetts en gestión de grupos? Naturalmente, él cuenta con una ventaja importante: puede acceder con mayor facilidad que otros a estos conocimientos directos. Muestra una curiosidad inagotable.

No se mueve solo por la mencionada curiosidad, sino también por interés profesional: está convencido de que podrá aplicar al fútbol las enseñanzas recibidas. Esta es la razón por la que se reúne con entrenadores de rugby, jugadores de ajedrez, directores de cine, alpinistas o premios Nobel de Economía: quiere aprender de ellos, conocer nuevas disciplinas y encontrar pequeños detalles que incorporar a su trabajo como entrenador. Sabemos que Guardiola es un obseso del fútbol, al que dedica la mayor parte de sus horas, y uno de los instrumentos que emplea es la transferencia de conocimientos entre disciplinas. No es nada extraño que algunos de sus principales mentores sean personas surgidas del balonmano o el voleibol, al fin y al cabo hay grandes fundamentos de otros deportes que son perfectamente transplantables al fútbol. Haré una matización importante. Pep es un tipo llano y sencillo y no aplica de forma barroca los conocimientos que aprende, sino que los engulle, los digiere y de lo aprendido extrae una lección simple que implanta en el fútbol. No escucharemos a Guardiola empleando lenguajes sofisticados o de difícil comprensión: cuanto más aprende, más simplifica sus mensajes.

La razón por la que ha cambiado Múnich por Mánchester ya ha quedado evidenciada: es precisamente el ansia por cambiar. Él lo expresa de una forma sencilla: "Quiero cambiar para ser cambiado". Es decir, cuando ya ha conseguido que su equipo funcione como pretendía, decide cambiar de equipo. Claro, no es un comportamiento habitual. Los expertos con los que me he documentado aseguran que se trata de un comportamiento propio de mentes artísticas. Yo no puedo afirmarlo, pero sí sé que no es habitual en el fútbol y que provoca extrañeza. ¿Por qué deja el Bayern de Múnich ahora que juegan tan bien? Esta era la pregunta mayoritaria en Alemania. La respuesta es asombrosamente obvia: ¡Lo deja precisamente por eso, porque ya juegan tan bien!

Estamos ante un caso de ruptura del pensamiento convencional, lo que nunca resulta fácil de comprender y mucho menos de aceptar. El mundo del fútbol es profundamente conservador. Dice el entrenador neerlandés Raymond Verheijen que la causa reside en el bajo nivel intelectual de los protagonistas. Desconozco si tiene razón en su tesis, pero es indudable que cualquier pequeño cambio que se sugiere en el fútbol se acoge con recelo, ya sea reglamentario, táctico o en materia de actitud o comunicación. "Siempre se ha hecho así" es uno de los mantras del fútbol y quien se aparta de ello es visto como un bicho raro. Así que Guardiola es un bicho muy raro porque tiene ideas inhabituales en el fútbol, propone una manera de jugar que choca con el espíritu de los tiempos actuales, se nutre de conocimientos de disciplinas ajenas y cuando logra construir un edificio a su gusto, se marcha para construir otro. Desde el punto de vista del pensamiento corriente, son comportamientos demasiado disruptivos como para ser aceptados sin que crujan muchas cabezas. Cuando algo no se comprende, se desprecia. Que a Guardiola le llamen "filósofo" con ánimo despectivo, a veces incluso como un insulto, es un fiel reflejo del rechazo que provocan las innovaciones en el fútbol.

Alemania ha cambiado profundamente a Pep. Este es un mérito de los alemanes y de su fútbol, que tiene peculiaridades muy interesantes; pero también es mérito del entrenador, que acudió a Múnich con sus ideas, comprendió las diferencias culturales alemanas, y se adaptó a ellas como un camaleón, consiguiendo no renunciar a los fundamentos que le dan identidad a su juego. Esto no es fácil de conseguir y no es algo específico del fútbol, sino que nos topamos con casos similar es en cualquier ámbito de nuestras vidas. Por lo general, queremos imponer nuestras ideas sin revisarlas, adaptarlas al contexto o renovarlas. O bien hacemos justo lo contrario: renunciamos a nuestras propuestas y asumimos por completo las que nos imponen nuestros jefes, compañeros o rivales. En el caso de Guardiola, su mérito reside en encontrar una proporción equilibrada entre lo suyo y lo aprendido de otros. Su propuesta es irrenunciable, pero le añade todos aquellos conceptos que observa alrededor y así enriquece su catálogo. Pep es como un cocinero que no se queda estancado en su receta estrella, sino que le añade los ingredientes y detalles que observa en otros. Esto es lo que ha hecho en Múnich, experiencia que le ha cambiado de manera poderosa tanto en el terreno del fútbol como en el ámbito personal. En mi opinión, lo más importante que ha conseguido Pep en Alemania no son los trofeos sino la demostración de que las personas tenemos una amplia capacidad para cambiarnos a nosotras mismas.

Pep es hoy un entrenador muy diferente al que llegó a Múnich en 2013. Ha roto con el dogma canónico que había pulido en su exitosa etapa en el Barcelona y ha flexibilizado su concepción del juego. Un dato habla de forma elocuente de esta conversión al eclecticismo en Guardiola: en el Bayern empleó nada menos que 23 diferentes módulos de juego, una cifra colosal. Podríamos decirlo de otro modo: utilizando estos 23 distintos sistemas de juego, prácticamente recorrió todas las posibilidades de distribución espacial que permite el fútbol (Marcelo Bielsa definió que el catálogo completo consta de 29 módulos).

Es muy fácil decirlo, pero muy difícil ponerlo en práctica. No consiste en dibujar en la pizarra una determinada distribución espacial de los jugadores (en el caso que nos ocupa, 23 distribuciones diferentes), sino que hay que ensayarlas en los entrenamientos porque cada una de ellas genera numerosas consecuencias en las funciones del futbolista, sus movimientos, las coberturas que debe hacer al compañero y las zonas a ocupar. Cada módulo exige un trabajo detallado y delicado del entrenador y mucho interés y dedicación del jugador. Multipliquemos todo esto por 23 módulos y 25 jugadores y nos aproximaremos bastante a la realidad del entrenamiento realizado en el Bayern durante estos tres años: 1.500 horas de trabajo práctico sobre el campo (desglosadas en 835 sesiones de entrenamiento y 198 partidos) y otras 1.500 horas de trabajo de vídeo, en grupo o individualizadas. ¿Obsesivo? Posiblemente. Pero lo seguro es que Pep es detallista, meticuloso y trabajador.

Adaptarse al entorno es lo que nos hace sobrevivir. Lo que ha hecho nuestro protagonista en Alemania se inscribe dentro de esta lógica de la supervivencia, que en el fútbol se agudiza por las tremendas pasiones que confluyen. En su caso, a la adaptación ha añadido una feroz pasión por el cambio y el aprendizaje. El chef Ferran Adrià, buen amigo del entrenador, me explicó hace poco su visión: "En Múnich, Pep ha hecho algo muy inteligente: probarse a sí mismo. Quería comprobar si lo del Barça fue una casualidad. Y no, no fue casualidad porque en el Bayern ha conseguido implantar el mismo modelo. Su modelo de juego funciona. Ganó mucho con el Barça, ha seguido ganando y jugando muy bien con el Bayern, y seguirá ganando".

Cuando llegó a Múnich, Pep tenía 42 años y había desarrollado toda su experiencia como entrenador en el Barcelona, el club al que pertenecía desde que era niño. En el Barça lo había sido todo: jugador de la cantera, recogepelotas, jugador del primer equipo, capitán, entrenador de la cantera y entrenador del primer equipo. Había ganado todos los trofeos que existen. Su carrera era monocolor. Revestido con dicha aureola de conquistador del fútbol aterrizó en un entorno totalmente distinto al conocido. El lema del Bayern es "Mia San Mia", que significa "nosotros somos nosotros" y es un reflejo del carácter orgulloso de los bávaros. Pep llegó a un club acostumbrado a ganar sin otorgar excesiva importancia a los matices y pronto sufrió serias adversidades, la mayoría en forma de lesiones de sus jugadores, lo que hizo más difícil su intención de imponer las ideas de juego que traía.

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