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Viernes 10 de Julio de 2015

En tu manera de comer se esconden 10 emociones

¡No te comas tus emociones! , ¿tiene sentido para ti esa frase? Lo cierto es que nuestro modo de alimentarnos atiende a razones mucho más profundas de las que podríamos creer y una de ellas (la que más influye en cómo comemos) son nuestros sentimientos.

De acuerdo con Adriana Esteva , periodista y fundadora del taller “Comiéndome mis emociones”, observar nuestra forma de comer es un gran termómetro para reconocer aspectos de nuestra vida que requieren ser revisados y los cuales evadimos, bloqueamos o “llenamos” a través del exceso de comida o la falta de ella.
 
En su libro “En la comida como en la vida”, la especialista comparte una decena de hábitos alimenticios fuera de lo normal y aquello que podrían significar a un nivel emocional:
 
1. No sentarse a comer a la mesa y hacer otra cosa en lugar de comer: muchas de las personas que llevan a cabo esta costumbre buscan no ser vistas con detenimiento por los demás. Tienen miedo de evidenciar frente a los otros (familia, colegas, pareja) algún rasgo de personalidad que consideran vergonzoso.
 
2. “Picar” comida durante todo el día: es una forma en la que nos engañamos a nosotros mismos e intentamos convencernos de que en realidad no comemos tanto. “Si no lo recuerdo, no sucedió”. Muchas personas que son víctimas de este mal hábito, quizá también se autoengañen en otros aspectos de su vida.
 
3. Darse atracones: la ingesta excesiva e inesperada de alimentos refleja a una persona que se niega los placeres de la vida ¡y de repente explota! Posterior a un atracón viene la culpa, pero en realidad vive con ella todos los días, ya que no se considera merecedora de disfrutar de la comida con moderación y salud. Este tipo de persona también suele ser impulsiva en su trabajo y sus relaciones.
 
4. Comer sin pensar en lo que estás comiendo: una persona que no selecciona sus alimentos de acuerdo a lo que le gusta o lo que le hace bien, y sólo ingiere lo que tiene a la mano y es más accesible, quizá sienta una pereza generalizada por tomar decisiones. Prefiere dejarse llevar por la vida y posiblemente no conozca lo que apasiona ni tenga objetivos claros para el futuro.
 
5. Buscar sustitutos: cuando alguien vive una vida llena de productos light, bajos en grasa, sustitutos de crema y de queso, podría darse el caso de que su cotidianidad también esté llena de limitaciones y mediocridad, pues no se da el permiso de tener lo que realmente le gustaría. Pareja que no le satisface, trabajo que no le llena y amistades poco estimulantes, forman parte de la existencia de muchas de las personas que quieren sabores dulces en el paladar, pero no han probado el azúcar en años.
 
6. Comer de forma muy controlada: quienes cuentan calorías obsesivamente, se someten a dietas estrictas o consumen sus alimentos en horarios y condiciones muy precisas, están llevando la obsesión por controlar su vida al plano de la comida. Ser capaces de dirigir su alimentación minuciosamente les brinda cierto poder y satisfacción emocional, los cuales compensan una sensación de vulnerabilidad e impotencia en otras áreas como la pareja o el trabajo.
 
7. Ser indeciso a la hora de comer: podría parecer algo irrelevante, a lo mucho molesto, pero las personas a quienes les cuesta trabajo elegir lo que van a llevarse a la boca suelen ser igual de indecisas e inseguras en otros ámbitos de su vida. Si no pueden seleccionar entre un sabor y otro, imagina el caos que se desata en su mente ante decisiones realmente trascendentales.
 
8. No sentir hambre: cuando la sensación de que necesitamos comer se vuelve tenue o desaparece por completo, es un indicio claro de desconexión entre cuerpo y mente. En este caso, también es probable que nos estemos desconectando de algunos sentimientos que nos incomodan o hacen sentir tristes.
 
9. Comer sin hambre: lo que buscan las personas con este hábito es “llenarse”. En ellas hay un vacío angustiante que necesita ser cubierto con lo que sea. Quien come sin tener necesidad de ello, no discrimina entre los alimentos y puede consumir cualquier cosa, aunque no le guste ni le provoque un verdadero placer sensorial. Llevado al plano emocional, esto también puede ser indicio de que nos conformamos con las sobras de la vida y no cuestionamos lo que llega a nosotros, simplemente lo aceptamos sin analizar si nos conviene o siquiera lo queremos.
 
10. Ser “delicado” para comer: a aquellas personas con hábitos alimenticios complicados y difíciles de compartir con el resto de la gente, les convendría analizar si no usan sus estrictos regímenes alimenticios para poner una barrera entre ellos y los demás.
 
Fuente: vidayestilo 

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