Mundo
Domingo 05 de Julio de 2015

El osado primer ministro griego que se le plantó a Europa

Enrique Pfaab
pfaab.enrique@diariouno.com.ar

Todos tenemos un galponcito en el fondo donde amontonar los cachivaches. Ahí metemos lo que ya no usamos, lo que no sirve, lo que no sabemos dónde tirar. Cerramos la puertita y nos olvidamos de que existe hasta que, algún día, se nos da la loca y nos ponemos a ordenar. Mientras tanto, ese lugar es una mugre. No nos preocupa que se llene de arañas y que hagan nido las ratas. Abrimos la puerta con cuidado, tiramos adentro la nueva mugre y listo, después veremos lo que hacemos. Sólo tenemos la precaución de recomendarles a los chicos que no jueguen allí, que nadie abra la puerta.
Muy distinto sería que ese mismo caos, ese mismo despiole, esté en el medio del living. A ninguno se nos ocurriría tener semejante desastre en el medio de la casa.
Por eso, allá por el 2001, a nadie le importó mucho el desastre del galponcito Argentina, salvo a los que vivíamos en él, comidos por los piojos. En cambio, es insoportable tener ese mismo desastre en el living. Grecia es el living y el primer ministro Alexis Tsipras tiene el lampazo en la mano, mientras 11 millones de personas discuten cuál debe ser la estrategia para empezar a poner orden. Entonces, alguno se acordó de que alguna vez alguien ordenó el galponcito y sostiene que se puede hacer lo mismo. El problema es que para eso primero hay reconocer que el galponcito existe y quizás eso signifique darle demasiada importancia. Para colmo ese tal Tsipras es un muchachote de 40 años, formado en la juventud comunista, que puede ser un ejemplo nefasto para el resto de la casa si las cosas le salen bien. Posiblemente sea mejor mandarle una empresa privada de limpieza que haga todo el trabajo, deje todo el orden, desinfecte y que le haga firmar un pagaré.
Tsipras, sabiendo que el lampazo es lo único que tiene y que el caos es muy grande, decidió que los 11 millones resuelvan. Después de todo, por algo son la cuna de la democracia. Que digan “sí”, si quieren firmar el pagaré para que vengan a limpiarles la mugre, o que digan “no” y se ponen todos a limpiar, sabiendo que el proceso será mucho más lento y complejo.
Desde afuera, los vecinos les exigen que la limpieza debe ser urgente, porque la mugre afecta al vecindario y los pericotes a infectarlo en cualquier momento. Que si no aceptan la empresa de limpieza, se pueden olvidar de recibir ayuda para, después, poder pagar el gas, el agua, la electricidad y especialmente los impuestos. Tsipras dice que tienen razón, pero que la mugre es de ellos y que harán con ella lo que les parezca. El problema es que, mientras resuelven sobre el desorden, el hambre aprieta ahora y no entiende de planes futuros.
Grecia es un lío. Y lo más grave es que para Europa es un lío muy cercano, imposible de ignorar.
Mientras tanto, desde el galponcito del fondo, nos empezamos a fijar en Grecia. Hasta ahora sabíamos poco de ella. A la mayoría, si nos mencionaban a Grecia, lo primero que se nos venía a la mente era la imagen de Anthony Quinn, un actor mexicano que hizo su carrera en Estados Unidos y que, con su personaje en Zorba el griego, hizo que el resto del mundo supusiera que ese es el estereotipo del habitante de esa península mediterránea. O que recordáramos la película argentina Cenizas del paraíso, especialmente en la escena en donde la familia Makantasis baila una danza griega tradicional, la misma que baila Quinn en su película.
De la secundaria nos han quedado Grecia y Roma, como un solo punto de la currícula, una misma cosa y con el paso del tiempo no recordamos muy bien a cuáles de las dos culturas pertenecen sus dioses y sus héroes. Algunos nos arrepentimos de haber olvidado casi todo sobre Sófocles y Eurípides, sobre Platón y de su discípulo Aristóteles.
Y acá, en el galponcito del fondo, cómo se resuelva la crisis en Grecia no es moco de pavo. Puede influir directamente en la política del país.
La realidad griega ha reflotado recuerdos de la crisis de 2001, del corralito, del “que se vayan todos”. Para colmo, es año de elecciones presidenciales y el final de una etapa, sea cual sea el sucesor.
El oficialismo trata de subrayar que ellos ordenaron el galpón y que votar otra opción implica el riesgo de retroceder. La oposición opina lo contrario.
Lo cierto es que Grecia no nos es indiferente, por primera vez. Nunca su historia estuvo tan ligada a la nuestra. Y esa historia se está escribiendo ahora, tanto para los que están en el living como para los que estamos en el galponcito.

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