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Jueves 19 de Noviembre de 2015

El cerebro de los hombres está programado para buscar sexo antes que comida

Un estudio científico halla que las células del cerebro de los varones se disparan cuando se sienten sexualmente atraídos por alguien y se anulan ante la necesidad de comer.

Aquella frase que sostiene que para conquistar el corazón de un hombre hay que hacerlo a través de su estómago pareciera ser mentira. Al menos así lo demuestra un reciente estudio según el cual ante la posibilidad de practicar sexo, la comida es la última idea que ocupa la mente masculina.
 Los investigadores descubrieron que el cerebro de los hombres está programado para buscar sexo antes que comida, incluso cuando tienen un hambre atroz. Al parecer, cuentan con una serie de neuronas específicas que se disparan ante los estímulos sexuales bloqueando cualquier otro tipo de necesidad vital, incluido pasarse por alto las ganas de comer.
Aunque estas neuronas sólo se han encontrado en los cerebros de los gusanos nematodos, los científicos de la Universidad de Londres aseguraron que es probable que haya paralelismos en los seres humanos. Lo cierto es que se han analizado los mecanismos cerebrales de este tipo de organismos en el pasado pero es la primera vez que se encuentra la existencia de este tipo de neuronas, lo que supone un avance científico sin precedentes.
Cerebro de gusano. La frase hecha se remite al cerebro de los mosquitos, pero para el caso la comparativa viene justo. Como explicaba Scott Emmons, coautor del estudio y profesor del Departamento de Genética y Neurociencia de la Universidad de Medicina Albert Einstein, “aunque el trabajo se ha llevado a cabo sobre un tipo de gusano, los resultados nos ofrecen una nueva perspectiva que nos ayuda a apreciar y, posiblemente a comprender, las diferencias existentes en la sexualidad, la orientación sexual y la identificación de género en los humanos”.
 
Para alcanzar estas conclusiones, los científicos condicionaron el hábitat de la especie de gusanos Caenorhabditis elegans de tal forma que aprendiesen que en las zonas en las que había mucha sal no tenían comida alguna, dándose las condiciones óptimas para que muriesen de hambre. Con el tiempo los gusanos se alejaban de la sal. Sin embargo, ante la presencia de una posible pareja sexual, los machos se olvidaban del hambre, de la sal y de todo.
Ellas prefieren comer. Por su parte, los de género hermafrodita -las consideradas hembras en esta especie- se apartaban de la sal incluso cuando había un ejemplar del sexo opuesto. En el caso de los machos lo primero es lo primero, y el gancho del sexo era más fuerte que la posibilidad de morir de inanición.
Curiosamente, el equipo de científicos encontró que las mujeres no tienen las mismas neuronas que los hombres, de ahí que en su caso el sexo sea secundario a una actividad básica de subsistencia como es alimentarse.
“Nuestros hallazgos nos hacen pensar que es posible que el cerebro humano masculino tenga una serie de tipos de neuronas de las que carece el cerebro femenino, y viceversa. Esto podría influir en la forma en la que cada uno de los sexos percibe el mundo y sus prioridades de comportamiento”, apuntaba Emmons.
La investigación, publicada en la revista 'Nature', aporta nuevos datos que demuestran que los cerebros de hombres y mujeres están conectados de manera diferente, un tema controvertido y discutido durante décadas por científicos y feministas.
“Hemos demostrado cómo las diferencias genéticas y de desarrollo entre los dos sexos conducen a cambios estructurales en el cerebro de los gusanos machos durante su maduración”, explicaba la doctora Arantza Barrios, miembro del equipo de investigadores, quien advertía que “aunque sabemos que las áreas del cerebro involucradas en los procesos de aprendizaje sexual son distintas en muchos animales, incluidos los humanos, cómo afectan estas diferencias directamente a los comportamientos todavía está claro”.

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