País
Miércoles 23 de Diciembre de 2015

Conmovedora historia de una abuela de 74 años que terminó la primaria y salió abanderada

Esta abuela de tres nietos y madre de cuatro hijos que reinició sus estudios después de 60 años. Esperanza es el nombre de esta mujer de San Rafael y es ese precisamente el mensaje que dejó para todos los estudiantes y los que han abandonado.

Sencilla, humilde y persistente son algunas de las cualidades que Esperanza López desarrolló durante sus 74 años de vida y que le permitieron retomar, a esa edad, los estudios primarios que abandonó por la muerte de sus padres cuando apenas tenía 14.
La decisión de hacerlo nació hace dos años cuando por razones familiares se mudó a vivir con una de sus hijas. Primero se trasladó al barrio Isros y luego ambas decidieron mudarse a Rama Caída, en San Rafael, a unos 100 metros de donde funciona de día la escuela primaria Comodoro Juan Pi (Escuela 40) y de tarde el centro de educación básica para jóvenes y adultos (CEBJA) Profesora María Elena Izuel.
Allí, alejada de la ciudad, a Esperanza le sobró el tiempo y el aburrimiento comenzó a ser el denominador común de todos los días, hasta que una vecina la convenció para que reanudara sus estudios.
“Me levantaba a las 9, le daba de comer a los animales, preparaba el almuerzo para mi hija, me acostaba y no tenía nada más que hacer”, recordó en una entrevista con Diario UNO de San Rafael la estudiante, que agregó que “apenas me enteré de que en esta escuela podía terminar la  primaria, no lo dudé”.
Es que Esperanza tuvo una adolescencia difícil porque entre los 14 y los 16 años perdió a sus padres y se tuvo que mudar a la casa de uno de sus 10 hermanos. “Era la menor, dejé la escuela y tuve que salir a trabajar para ganarme el peso”.
A los 15 ya trabajaba, en el verano, para un secadero que ya no existe y a los 18 consiguió empleo, gracias a uno de sus hermanos, en una conocida fábrica de sidra ubicada en Rama Caída. “Fueron tiempos duros hasta que a los 23 me casé y formé una maravillosa familia”, señaló con melancolía.
En ese tiempo, de los 13 a los 23, nunca pudo terminar la escuela primaria y fue una deuda imposible de saldar hasta que 60 años después lo concretó y encima con un promedio de 9.44 que le significó ser abanderada nada menos que a  los 74 años.
"En el curso somos siete los alumnos, dos varones de 15 y 16 años y el resto mujeres de 40 a 60 años", relató. “Forjamos una muy linda relación basada en la confianza, la solidaridad y el respeto mutuo” y “soy una más, nadie me dice abuela, todos me llaman por mi nombre y me hacen sentir muy cómoda”, añadió.
Tímida por naturaleza, además del estudio, sus hijos son lo más importante en su vida. “Siempre les inculqué que terminaran sus estudios, los acompañé hasta que se fueron de casa”, recordó. Pero lo que no lograron sus hijos en el primario y en el secundario lo consiguió Esperanza, que con sus notas llegó a ser abanderada.
“Nunca lo imaginé, a veces pienso que la maestra (se llama Paola) es muy buena y por eso soy la abanderada”, una versión que causó gracia entre los profesores de la escuela que simplemente dijeron: “Se lo ganó en buena ley porque nunca faltó a clases y se esforzó por estudiar y aprender”.
“Me gustan las matemáticas -agregó Esperanza- y en este repaso que hice durante este año logré corregir mi ortografía que era muy deficiente”, expresó con una sonrisa dibujada en la cara. “Los chicos no saben lo importante que es estudiar y a veces abandonan sin tener en cuenta los beneficios que tiene la educación”.
El año entrante, según el programa de estudios del CEBJA, cursará el primer y segundo año del secundario. “Lo voy hacer porque me apasiona la escuela y quiero seguir aprendiendo; si la salud me lo permite voy a completarlos, pero no prometo una carrera universitaria”.
En la semana fue el acto de colación y recién el año entrante recibirá la bandera, una foto que promete compartir con sus hijos y tres nietos.
"Acá en la escuela soy feliz, encontré un espacio para mí y encima aprendo, que es lo que más me gusta. A veces necesito ayuda y es mi hija docente, con la que vivo, la que me ayuda, sobre todo con las palabras que no entiendo".
La vida de Esperanza dio un giro de 180 grados, a su vocación de ser ama de casa y una excelente cocinera (así se autodenominó), le sumó el estudio, una pasión que estuvo escondida durante muchos años. "Cuando era jovencita soñaba con ser partera o enfermera, un sueño que no pude cumplir y creo que estoy lejos de hacerlo".
Sin embargo no dejó de insistir que "el estudio es muy necesario y te da muchas posibilidades en la vida, por eso no entiendo por qué muchos jóvenes que tienen posibilidades lo abandonan sin pensar que la educación es fundamental para desarrollarse y crecer en la vida", reflexionó  antes de sentenciar que "la escuela es una bendición y desde que reinicié el estudio nunca falté".
Esta semana recibió su libreta y el diploma que la honra con la bandera argentina, un logro que nunca pensó obtener pero que íntimamente la llena de orgullo, aunque por su naturaleza le cuesta demostrarlo.
Esperanza se levantó, miró el pupitre, tomó sus cuadernos, los guardó y como todas las tardes caminó los 100 metros que separan la escuela de la casa de su hija.
Paso a paso, con miles de sueños en la cabeza, la abuela se despidió con una promesa: terminar el secundario.
"Esperanza es un ejemplo para todos aquellos que no estudian"
Sus profesores están asombrados por la actitud  que demostró Esperanza López desde que llegó a la escuela. Su primer día de clases fue inolvidable y desde ese momento no dejó de preguntar, leer y estudiar.
Para Roberto Tonidandel, uno de los docentes de esta institución, "es un ejemplo a imitar, una vida de sacrificio que se corona con el estudio y de postre se lleva la bandera".
"Nuestra Esperanza demostró durante todo el año que no hay edad para quienes quieran aprender, se trata de tener actitud y ganas", afirmó el "profe" como muchos le dicen.
Otra de sus maestras, Paola, mencionó que "nadie le regaló nada, ella es un alumna más que se ganó su lugar en base al cariño y el respeto".
Faltó la palabra de la hija de Esperanza, que cuando se hizo la entrevista estaba trabajando. "Ella vive para trabajar y yo la cuido", dijo la sobresaliente alumna. 

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