Policiales
Lunes 24 de Agosto de 2015

Condenarán a un sanjuanino por prostituir a su novia por $150 en Buenos Aires

Conocé la historia de "Yayo", el delincuente que suma causas en la provincia y ahora en el Conurbano.  La carátula fue tipificada como “Trata de personas con fines de explotación sexual, doblemente agravado por engañar a la víctima y abusar de su vulnerabilidad.   

Los cálculos judiciales no favorecen a C.L, alias "Yayo", mientras espera detenido en la cárcel de Marcos Paz. Nació en febrero de 1995 en San Juan y ahora enfrentará en poco tiempo a un Tribunal Oral Federal asistido por un defensor público. "Seis, siete años de condena", dicen voces en Tribunales. Una causa previa por robo con armas no lo ayuda. El expediente por el cual irá a juicio tampoco.
En abril último, la Fiscalía Federal N°2 en Comodoro Py cerró y elevó un expediente en su contra por un delito al menos cruel: prostituir bajo amenazas a su propia novia, C., de apenas 18 años, en la calle Garay, plena zona roja de hoteles del barrio de Constitución, en turnos de 45 minutos a un precio de 150 pesos. "Trata de personas con fines de explotación sexual" es el delito del que se lo acusa, doblemente agravado por engañar a C. y abusar de su vulnerabilidad.
"Yayo" había conocido a C. a comienzos de 2014 en su misma barriada sanjuanina, una zona de marcada pobreza, por medio de un primo. Con apenas 18 años, secundario incompleto y una relación conflictiva con su madre. Su novia ya tenía problemas de adicción y una actitud rebelde. "Yayo" tenía otros problemas: la Policía local le había colgado el mote de "pibe chorro", con sospechas de narcomenudeo incluidas. Su padre, "El Tiburón", era un consumidor de pasta base proxeneta de su propia esposa, con vínculos con el submundo de Constitución. 
La Relación entre Yayo y su novia
El amor entre "Yayo" y su pareja fue rápido; terminaron viviendo juntos en la casa de la abuela del chico en poco tiempo. El 13 de agosto del año pasado, de acuerdo a documentos en la causa, partieron en micro a Buenos Aires. Visitar a los padres de "Yayo" fue la excusa inicial. No duró demasiado. El 30 de ese mes, la División Trata de Personas recibió la alerta de la ubicación de C. en plena calle; un móvil sin marcas la llevó hacia un refugio de víctimas y fue chequeada por personal de la Oficina de Rescate y Acompañamiento, que la consideró apta para declarar.
Su prometida eventualmente habló, en Cámara Gesell y ante el equipo del fiscal Rívolo, un relato que fue la columna vertebral de la acusación oficial a su novio. El periplo era decadente: C. detalló como "Yayo" la puso en la calle a trabajar el mismo día que llegaron; la instruyó rápidamente para que trabaje con "tipos" y le fijó la tarifa. Al llegar C. se enteró que su novio había tenido otras chicas a su cargo; ella no sería su debut en el proxenetismo callejero. Relató los diversos golpes y amenazas, que mataría a su madre apenas llegasen a San Juan, que le retenía el teléfono, que la golpeó cuando la encontró enviándole un mensaje de texto a su madre; que la ahorcó con un cinturón, que la hacía mensajear a su madre diciéndole mentiras sobre qué hacía y dónde estaba. Fue un llamado desesperado de la chica a su mamá en San Juan lo que alertó a la Policía. 
Esbelta, bonita, C. no tardó en prosperar entre las prostitutas de la cuadra y en atraer la atención de los clientes. Así, "Yayo" vivía de su novia, de acuerdo al testimonio: el dinero por servicios sexuales que ocurrían en hoteles de las inmediaciones de Garay pagaba una pieza en el hotel Colin, donde dormían y donde según C. él la dejaba encerrada cuando se iba por las noches. No solo pagaba la pieza. También le pagaba a una figura que demuestra cómo funciona el mercado del sexo callejero: "Cecilia", su vigilante designada, la presunta dueña de la parada de la calle Garay, que controlaba a chicas a pedido de proxenetas por una tarifa. C., de su propio trabajo, pagaba 100 pesos en el día y otros 100 a la noche, cada día.
Esa mujer, luego presa en el penal de mujeres de Ezeiza, fue detenida y enviada a juicio como partícipe necesaria del delito. Se conocerían desde hace tiempo, "Yayo" y "Cecilia": la mujer habría sido pareja del padre del chico y una presencia histórica en el mercado de la zona roja y los hoteles de paso de Constitución. "Cecilia" declaró en indagatoria. No dijo demasiado, apenas reconoció que recordaba que la mamá de "Yayo" "trabajaba en la calle", que a las chicas les daba "comida fiada" y que tenía que esperar "a que trabajen para recibir el pago", que C. le compró comida "un par de veces".
Así, "Yayo" será juzgado como un tratante, como un presunto proxeneta que doblegó a golpes y amenazas la voluntad de su propia pareja, una chica de bajos recursos apenas mayor de edad. Bajo esta tesis, C. es claramente una víctima. Sin embargo, fuentes que conocen de cerca el expediente sospechan otra cosa, grises y claroscuros que vuelven mucho menos evidente al caso. El rol de C. podría ser distinto. 
Una voz de peso en Tribunales apunta: "Hay una perspectiva abolicionista que indica que una mujer pobre es una mujer vulnerable. Y esa mujer no puede decidir. La mentalidad de un chico adolescente de un barrio marginal no es algo fácil de acceder." Por ejemplo, C., luego de ser recuperada y en un refugio de víctimas, manifestó con insistencia volver al hotel, algo que llamó poderosamente la atención de los investigadores del caso. Parecía que había armado diversas estrategias discursivas para sostener su denuncia. Eventualmente, volvió con su madre a San Juan, bajo el programa de protección de testigos. Mientras tanto, "Yayo" se había quedado con su teléfono. Ese teléfono fue intervenido. Y a "Yayo", con frecuencia, lo llamaba su novia.
Las escuchas resultaron algo sorprendente para Rívolo y su equipo. "Mi amor la policía me tiene acá, estoy encerrada, no me dejan salir", decía la chica. "Eh, me mandaste en cana", replicaba el joven, insultándola. Minutos después, decían amarse y extrañarse. Hasta le decía que se oculte los tatuajes para esquivar a la Policía. La chica incluso llegó a decirle que estaba embarazada, algo que no era cierto: "Yayo" le preguntó enternecido por su pancita. C. habló con su ex suegro, para decirle que iba a tener un nieto suyo.
Rívolo y Tarantino viajaron con el tiempo a la provincia para tomarle declaración a la chica. En ese lapso, "Yayo" fue detenido: estaba en la misma barriada que C. Su novia fue quien lo entregó. (Fuente: Infobae). 

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