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Domingo 13 de Marzo de 2016

Cómo debería ser la nueva escuela primaria con maestros que enseñen y hagan reír

Docentes comprometidos, comprensivos y afectuosos, y procesos de aprendizajes más libres y prácticos. Del viejo esquema de aprender a leer y escribir, a la incorporación de tecnología y de la creatividad.

Lo que constituía un reducto único e inapelable, propietario único del saber y del conocimiento, es actualmente sometido a una necesaria revisión, reformulación y complementación ante los nuevos y complejos desafíos a afrontar.
El viejo paradigma de la escuela primaria que enseñaba a leer y escribir, sumar y restar, ya quedó atrás, por obra de una sociedad distinta, envuelta en una vorágine de cambios políticos, sociales, económicos, familiares, tecnológicos.
Enseñar sigue siendo la misión, aunque las metodologías, los modos, son los que entraron en crisis. Al mismo tiempo, se sumaron nuevas exigencias de una realidad social mucho más compleja, en la que los niños resultan vulnerables, y en un contexto en que abunda en el sistema educativo la deserción, la repitencia, el muy bajo nivel académico, la alarmante falta de comprensión de textos, entre otros, que se repiten o se agravan a medida que se escala en la trayectoria escolar de cada niño. 
Y si eso no fuese poco, proliferan inconvenientes producto de la falta de planificación o criterios desde el Estado. Ante el silencio del Consejo General de Educación, este año hubo chicos que no empezaron a tiempo las clases por concursos realizados recién cuando ya había arrancado el ciclo lectivo; fallas edilicias de vieja data sin ser atendidas; establecimientos afectados por el temporal de hace tres semanas… y la lista sigue. Ello es la peor cara de la inequidad e injusticia social hacia los niños. 
A la escuela, ahora se le adosan demandas como la incorporación –antes era la consolidación– de valores que provenían inicialmente desde cada familia; también la inclusión, la contención afectiva, la diversidad, hasta el uso de las nuevas tecnologías. Hay una necesidad social para que esté “a la altura de las nuevas circunstancias”. Y para ello vale tener presente las opiniones, testimonios y experiencias de chicos y maestros.
Entre tantas opiniones, impresiones, reflexiones y expectativas, durante charlas con chicos de distintos colegios, se destacó explícita e implícitamente la necesidad de comprensión, de afecto, de entendimiento que piden, resaltan y agradecen los niños, de sus maestros. El clima hostil, beligerante, que imprime y caracteriza nuestro actual andar diario, transforma ese pedido de los chicos, casi como un grito de auxilio. Comprensión y paciencia, virtudes poco presentes en nuestra comunidad. Eso surge a partir de los acotados testimonios recogidos: esa exaltación de características personales, por encima de requerimientos más estrictos sobre su rol docente al frente del aula.
Ello también transmite la mutación y cambio del perfil tradicional del docente, estricto, riguroso y recto, por alguien más confidencial, sentimental. A ello han apelado últimamente algunas teorías, que hablan de la necesidad de tener un fuerte vínculo afectivo para favorecer el desarrollo del proceso de aprendizaje. Hoy, se enhebra una confianza que permite hasta bromas por simpatías con equipos de fútbol.

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