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Lunes 28 de Diciembre de 2015

¿Cómo afecta el fin de año a nuestro cerebro?

La llegada de las altas temperaturas, el estrés navideño, las vacaciones y el trasnoche provocan distintas reacciones, que van desde irritabilidad, depresión, o felicidad. ¿Por qué sentimos que "se nos vino encima el año"?

Puede sonar extraño, pero aunque esperamos todo el año para estas fechas, finalmente el estrés, la ansiedad y el cansancio mental se hacen presente prácticamente desde que comienza diciembre.
Porque no sólo la Navidad es una fecha complicada, considerando la cantidad de regalos y el ineludible amigo secreto, sino que es a fin de año cuando hacemos un recuento de lo que pasó, si se cumplieron nuestras expectativas laborales o si estamos en pareja o no, dependiendo de las prioridades.
Existen varios estudios que abarcan tanto la Navidad como el estrés y la ansiedad relacionados al fin de año, en las que de una u otra manera siempre nos involucramos y que en la práctica no cambian nada, porque el lunes siguiente al año nuevo muchos deben volver al trabajo y a su rutina. ¿Pero cómo se explican estos comportamientos?
Navidad
Al menos en la época de los regalos, el pan de pascua y los villancicos en el supermercado, existe evidencia que indica que el verdadero espíritu navideño se encuentra en el cerebro.
Así lo indica una investigación publicada este mes, donde se señala que basta con ver las primeras luces de colores en las calles para que se activen cinco áreas cerebrales relacionadas con la visión, el movimiento y el tacto. Sin embargo, no a todos les ocurre de esta forma: los más alertas fueron quienes vinculaban la Navidad con sentimientos o recuerdos positivos; mientras que para quienes la fecha tiene un componente negativo, no existe tal reacción.
La decoración navideña
Un estudio del Departamento de Psicología de la Universidad de Utah en 1989 demostró que las decoraciones navideñas del exterior y del árbol de pascua hacen pensar a otros que somos más sociables y que somos integrados en la comunidad. Esto, porque el cerebro percibe que los ocupantes de un hogar son personas amables, activas y abiertas, por lo que si eres nuevo en un vecindario, quizá sea mejor dejar algunos días más la decoración de fin de año.
El dar y recibir
Independiente si somos niños o no, abrir regalos se siente muy bien y hay varios métodos para dejar a todos contentos. Pero hay algunas diferencias, y todo depende del individuo.
Cuando damos un regalo caritativo, el cerebro responde como si nosotros hubiésemos recibido algo muy agradable, de la misma forma cuando se nos entrega una recompensa monetaria, como lo afirma un estudio de la Universidad de California en 2006. Vale decir, para el cerebro dar es el equivalente a recibir.
 Otros sin embargo, pueden sentirse mejor con el dinero y los regalos materiales, ya que generan "felicidad". Aunque la concepción original según la ciencia indicaba que lo mejor era regalar "experiencias" (como una sesión de spa), y que éstas serían más placenteras, finalmente el obsequio material entrega mayor placer y por más tiempo, según el Departamento de psicología de la Universidad de British Columbia.
Pero también hay quienes se conforman con dar gracias por las experiencias del año. Esto ocurre sobre todo en vacaciones, cuando tenemos la oportunidad de pasar tiempo de calidad con nuestra familia y amigos, y podemos reflexionar sobre lo agradecidos que estamos por nuestros seres queridos. En el cerebro, esto se manifiesta en las áreas relacionadas con el procesamiento emocional, las interacciones sociales y el juicio moral, según la Universidad de California.
Estrés
Las vacaciones no sólo están llenas de sentimientos de gratitud a la familia, sino también a las tensiones de compras, los viajes y los regalos. De hecho, un estudio de 2014 realizado por la Asociación Americana de Psicología mostró que más de 8 de cada 10 personas tiene un sentimiento anticipado a las vacaciones. En el cerebro, esto se aprecia en el hipocampo, asociado con la emoción y la memoria. Esto explica por qué nos volvemos irritables e incluso a veces olvidadizos cuando estamos ansiosos.
Azúcar
Dejaremos la resaca de lado para hablar de las golosinas, el pan de pascua y el cola de mono. En el cerebro, estos estímulos se perciben activando el sistema de recompensas, lo que quizá no resulte problemático, salvo que a la larga nos hace subir de peso.
La cena
El cerebro también influye en la percepción de la cena de Navidad y año nuevo. Si no tienes muchos medios o no eres muy buen cocinero, puedes usar la psicología, y tal como en los restaurantes puedes manipular el ambiente para mejorar la experiencia a los comensales. Utiliza buena iluminación, música, cubiertos, platos decorados, y por más simple que sea el plato, la sensación final será distinta. Así lo comprobó en 2004 la Universidad de Illinois donde se señala que lo mejor es apelar a tres factores: cocina internacional (platos franceces o italianos), sensación ("cremoso, levemente picante con toques de alguna especia"), y nostalgia (hecho en casa, gourmet, tradicional). El efecto puede profundizarse instando a los comensales a descubrir los distintos sabores mezclados en el alimento, siempre hablando de dónde adquiriste los productos. Emplea un vino bien presentado, sin olvidar mencionar los olores frutales y la textura del líquido. Todo esto hará que su cerebro preste atención a los pequeños detalles y los hará pensar que se trata de una cena de gran factura, aunque no sea así.
El cambio de temporada
 Aunque generalmente asociamos a la primavera o eñ otoño con el trastorno afectivo estacional (una forma de depresión clínica), ésta también ocurre en verano. Suele estar asociado con la humedad y las altas temperaturas, y estudios demuestran que al menos un 1% de los estadounidenses lo padece. Aunque puede parecer poco, se espera que con el cambio climático la cifra vaya en aumento.
Entre sus causas se encuentra la humedad, que produce malestar e irritabilidad; la misma sensación de calor y la imagen corporal, que para muchos puede provocar incomodidad al no sentirse conformes con su aspecto exterior, más aún cuando hay que salir con menos ropa y en la playa abundan los bikinis o bermudas. ¿Cómo se manifiesta? Insomnio, pérdida del apetito, baja de peso, cambios de humor y ansiedad.
A diferencia del tratamiento terapéutico invernal, que incluye sesiones de luz y otros, el permanecer con aire acondicionado, duchas frías o piscina no parece ser más efectivo para los amantes del invierno.
El trasnoche nos confunde
En verano e invierno, el reloj biológico avanza a intervalos de cuatro minutos, independiente del cambio de hora para aprovechar la luz del sol. El organismo no se adapta y los ciclos de sueño y vigilia continúan normalmente, aunque el trasnoche se alarga debido a que la temperatura nocturna es más agradable, según un estudio de 2007.
Duerme
Si estás de vacaciones del colegio o universidad, disfruta tu siesta (lo extrañarás después). Investigaciones de Harvard y la Nasa han demostrado que dormir 25 minutos aumenta por 10 horas el sentido de la atención; 45 minutos a media tarde aumenta la capacidad de aprendizaje y la memoria, con efectos positivos sobre la concentración, coordinación y presión sanguínea; y una hora y media nos ayuda a descansar sin despertar desorientado.
Fuente: La Tercera

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