País
Viernes 16 de Septiembre de 2016

Camina más de 14 horas entre las montañas jujeñas para llegar a una escuela a dar clases

El docente Guillermo Duarte tiene que transitar un sinuoso camino para llegar a un pequeño colegio de Tilcara.

Frío. Bruma. Calor. Sol. Nieve. Lluvia. Viento. Todas las instancias climatológicas pueden ocurrir mientras él transita ese sinuoso camino de montaña, con hambre y cansancio, pero con muchas ganas. Guillermo Duarte no solo es un maestro. Es un aventurero que camina más de 14 horas para llegar a una pequeña escuela ubicada en un cerro de Tilcara, en Jujuy, para darle clases a nenes muy necesitados.

Duarte tiene que ir a pie desde Garganta del diablo hasta Molulo, en donde hay un pequeño colegio. Antes de salir, siempre le pide a la Pachamama, la madre tierra, a través de un típico ritual norteño. "Le pedimos ayuda para transitar los kilómetros que debemos caminar", contó Duarte al equipo periodístico.

Así, comienza un camino difícil. Serán entre 14 y 17 horas de esfuerzo, en el que los pies se cansarán, el cuerpo dolerá, y la soledad, muchas veces, conmoverá. En ese interín, Duarte habitualmente se cruza con un grupo de soldados, que siempre lo asiste para llevar material al lugar. "Al profe hay que destacarlo, porque le pone mucho empeño y ganas", comentó Nelson Domínguez, teniente del Ejército. Él junto a los otros gendarmes tienen la tarea de trasladar machimbre y otros elementos para que el colegio, humilde y sencillo, pueda protegerse del frío.

El punto más alto de la ruta a la escuela es un pico de la montaña que está a 4.200 metros a nivel del mar. El terreno es irregular, pedregoso y muy difícil de pasar para quienes lo recorren por primera vez. Pero no para el maestro. "El pie se acostumbra con los años", contó.

Al llegar a los 4.200 metros Duarte hizo un freno. Allí siempre repone su cantimplora con agua de la vertiente para hidratarse. "Dicen los abuelos que lo único que calma la sed es el agua del cerro", definió. El docente recordó que durante cada uno de los viajes que hizo siempre le tocaron todos los climas. "Hay de todo. Nieve de punta a punta, calor intenso, o incluso sorpresas: primero mucho sol, y después lluvia", enumeró.

A las 23.50 Duarte llegó finalmente a la Escuela 76. Fueron unas 17 horas muy duras de caminata, que se complicaron porque de noche hubo muy mal tiempo, con nieve, viento y 6 grados bajo cero. Pero para él nada importa. Porque su único objetivo es lo que les va a enseñar a los nenes a partir del otro día, y durante tres semanas: "Solo pienso en los niños. Te da la fuerza necesaria para poder estar. Soy la persona más feliz del mundo cuando llego".

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