Mundo
Jueves 23 de Abril de 2015

Aseguran que hay una tribu que asesina a los visitantes

¿Has escuchado hablar de la Isla Sentinel del Norte? Probablemente no y, en parte, se debe a que es uno de los lugares más insólitos del planeta Tierra. ¿Qué lo hace tan especial? Sus habitantes, quienes han permanecido allí durante mucho tiempo, total y completamente aislados del resto del mundo.

Ya muy entrada la noche del 2 de agosto del año 1981, un carguero de bandera hongkonesa que surcaba las peligrosas aguas de la Bahía de Bengala terminó encallando en un arrecife de coral sumergido. El barco, apodado el Primrose, resultó irremediablemente atascado. Pero afortunadamente no había peligro de que se hundiera, así que después de un rutinario aviso por radio, el capitán ordenó a la tripulación prepararse para unos días de espera hasta que llegara el apoyo.
 
En la mañana siguiente, apenas comenzó a iluminar el Sol, los marineros pudieron ver una isla a unos cientos de metros del arrecife. La suposición fue que estaba deshabitada, dado que no había signos de edificaciones, caminos u otras señales de civilización alguna. Solamente una primitiva playa y detrás de ésta una densa selva. La playa parecía el lugar ideal para esperar al rescate, pero el capitán ordenó a sus navegantes permanecer a bordo del navío. Estaban en plena temporada de monzones, y al capitán le preocupaba perder a sus hombres en el mar agitado a bordo de pequeños botes salvavidas. O quizá había descubierto que aquella pequeña isla más allá del arrecife era, de hecho, Sentinel del Norte – la más mortal de las 204 islas que conforman las Islas Andamán.
 
Unos días más tarde, un equipo de observación situado a bordo del Primrose logró divisar un pequeño grupo de hombres de piel oscura que salían de entre la vegetación, abriéndose paso hacía la nave. ¿Se trataba del equipo de rescate? Era una posibilidad… hasta que los hombres se aproximaron un poco más y los marineros se dieron cuenta que cada uno de ellos estaba desnudo.
 
Desnudos y armados, pero no con armas de fuego. Cada uno de estos hombres iba equipado con una lanza, un arco y flechas, o algún tipo de arma primitiva. Inmediatamente el capitán volvió a emitir una llamada de auxilio por radio, esta vez con mucha más urgencia: “¡Hombres salvajes! Estimo que más de 50, equipados con varias armas rudimentarias, construyen dos o tres barcos de madera. Nos preocupa que nos aborden al atardecer”.
 
Un mundo totalmente diferente
 
Luego de unos días de un preocupante enfrentamiento, el equipo del Primrose fue evacuado por helicóptero y puesto a resguardo. Y tuvieron mucha suerte de salir con vida: pues el destino los llevó encallar frente a la costa de una de las porciones de tierra más extraordinarias del planeta, y quizá la única de su tipo. Los expertos creen que los hombres que atacaron a los marinos en el año de 1981 pertenecen a una tribu de cazadores-recolectores que ha habitado la isla durante 65,000 años. Es decir, ellos ya habitaban este lugar 35,000 años antes de la última edad de hielo, 55,000 antes de que los colosales mamuts dejaran de andar por Norteamérica, y 62,000 años antes de que los egipcios edificaran las pirámides. Se cree que estos individuos son los descendientes directos de los primeros humanos que salieron de África.
 
El mundo ha sabido de la existencia de Sentinel del Norte desde hace cientos de años, pero los isleños se han mantenido completamente aislados, y de forma feroz defienden esa condición hasta nuestros días. Nadie sabe qué idioma hablan o cómo se llaman a sí mismos – nunca han permitido que nadie se aproxime lo suficiente como para averiguarlo. Los humanos del mundo exterior les dieron el mote de “Sentineli” o “Sentinelese”, debido a la isla. Se estima que los 75 kilómetros cuadrados de la isla dan refugio a un total de 400 cazadores-recolectores, pero nadie sabe a ciencia cierta cuantos individuos viven allí.
 
Solos en casa
 
La Isla Sentinel del Norte está perfectamente adaptada tanto para dar sustento como para aislar a una tribu como los Sentinelese. Es demasiado pequeña para los intereses coloniales, dado que hay mejores y más grandes islas a unas cuantas horas de navegación. Y a diferencia de éstas otras islas, Sentinel no cuenta con una geografía que pueda servir como un puerto natural, por lo que resulta muy complicado que un barco busque refugio aquí para resguardarse de una tormenta.
 
Además, la isla está circundada por una anillo de arrecifes de coral sumergidos que impiden que los grandes navíos se aproximen. Esto resultó evidente durante la era de la navegación a vela, cuando los navíos se veían imposibilitados para maniobrar fuera del peligro al darse cuenta de que tenían una barrera de arrecife enfrente. Unas estrechas aberturas en este anillo permiten que botes pequeños se escabullan entre la barrera hasta la playa, pero estos caminos sólo son navegables con buen tiempo y mar calmo, condiciones que se producen con muy poca frecuencia sólo dos meses al año. En los diez meses restantes, es imposible llegar a la isla de forma segura desde el mar.
 
Al mismo tiempo que los arrecifes de coral mantienen a los extraños a raya, son un soporte vital para los Sentinelese, ya que estos crean zonas de poca profundidad repletas de vida marina. El alimento proporcionado por estos pequeños pozos es tan abundante que los Sentinelese nunca se han visto en la necesidad de pescar en las aguas de altamar más allá del anillo de coral. Llevan sus canoas a través de las lagunas poco profundas impulsándose con palos que tocan el fondo, y no pueden navegar aguas más profundas que la longitud de estos palos. Jamás inventaron los remos, sin los cuales están imposibilitados para salir de la isla.
 
El grupo de Islas Andamán, entre ellas la Sentinel del Norte, está situado en el cruce de las antiguas rutas comerciales entre Europa, Medio Oriente y el sudeste asiático. Curiosamente, esto pudo haber aumentado aún más la actitud aislacionista de los Sentineli, ya que su piel oscura y apariencia africana pudieron haber propiciado que fueran el deseo de algunos comerciantes de esclavos que pudieron haber tratado de llegar a la isla en el transcurso de cientos de años. Este contacto periódico y hostil con los forasteros sólo pudo haber incrementado la actitud agresiva de la tribu y su deseo de permanecer solos.
 
Otro aspecto que quizá ha contribuido a mantener el secretismo de los Sentineli es la antigua creencia de que todas las tribus de las Islas Andamán eran caníbales. No hay evidencia concreta de que así haya sido, a excepción de algunas tribus que utilizaban huesos de sus antepasados como amuletos (entre ellos los cráneos), mismos que se ataban en la espalda. Resultaría muy fácil confundir a estas personas con come-hombres. Después de todo ¿quién se quedaría el tiempo suficiente para saber que no eran?
 
Para cuando el astrónomo griego Ptolomeo escribió sobre una “Isla de Caníbales” en algún punto de la bahía de Bengala en el siglo II de nuestro tiempo, los marineros ya habían recorrido desde hacía tiempo las Andamán. Y Marco Polo tampoco aportó mucho al asunto en 1290 cuando describió a los habitantes de las Andamán como “una raza brutal y salvaje… (que) mata y come a todo el forastero sobre el que pueda posar sus manos”. Alegatos como estos sin duda contribuyeron a mantener a los forasteros alejados del lugar. Y teniendo en cuenta la ferocidad con la que los Sentineli y otras tribus andamaneses se defienden, probablemente fue una suerte que así lo hicieran.
 
Los extraños llevan regalos
 
La primera amenaza real para los nativos de la Isla Sentinel del Norte tuvo lugar en 1858, cuando la Gran Bretaña estableció una colonia penal en Port Blair al sur de las Islas Andamán, y lanzó una política para pacificar a las tribus locales – Los Andamese, los Onge, los Jarawa y eventualmente a los Sentinelese. Una artimaña empleada por los británicos era secuestrar a un miembro de la tribu hostil, lo retenían durante un breve periodo de tiempo durante el que recibía buenos tratos, era colmado de regalos y finalmente retornaba a su pueblo. Al hacer esto, los colonos pretendían que quedara de manifiesto su amabilidad. Si el primer intento no funcionaba, repetían el proceso con un mayor número de miembros hasta que finalmente convertían a una tribu hostil en un pueblo amistoso.
 
En 1880 durante una gran incursión armada liderada por Maurice Vidal Portman, el administrador colonial británico, se dirigieron a Sentinel del Norte en lo que se cree fue la primera exploración de la isla por forasteros. Pasaron varios días hasta que entraron en contacto con los Sentineli, porque los miembros de la tribu desaparecían en la selva cada vez que los extraños se acercaban.
 
Finalmente, después de algunos días en la isla, la incursión se encontró con una pareja de ancianos que probablemente estaban demasiado débiles como para huir, y varios niños pequeños. Portman llevó a los dos adultos y a cuatro niños de regreso a Port Blair. Pero el hombre y la mujer rápidamente enfermaron y luego murieron, quizá por la exposición a enfermedades occidentales como la viruela, el sarampión o la gripe, a las que tenían poca o ninguna resistencia. Entonces Portman devolvió a los cuatro pequeños a la isla y los liberó con regalos para el resto de la tribu. Los niños desaparecieron en la selva y jamás se volvió a saber de ellos.
 
Después de este episodio, los británicos dejaron a los Sentineli solos para centrar sus esfuerzos en la pacificación de otras tribus. Cuando la India se independizó de Gran Bretaña en 1947, la Islas Andamán fueron entregadas al nuevo Estado de la India, pero los indios ignoraron la existencia de los Sentineli durante un lapso de 20 años.
 
Después, en 1967, el gobierno indio lanzó su propia gran expedición a Sentinel del Norte, con un montón de policías armados y oficiales navales para protección. La visita fue menos agresiva que la que los británicos hicieron 87 años antes (no secuestraron a nadie) y atendía más a razones científicas (un antropólogo llamado T.N. Pandit era un prominente miembro del partido). Pero nunca lograron hacer contacto con un solo Sentineli – nuevamente, los miembros de la tribu simplemente desaparecían en la espesura de la selva cada vez que los forasteros se aproximaban.
 
Más regalos
 
Esto dio inicio a una política de “visitas de contacto” del gobierno indio hacia Sentinel del Norte. Cada cierto tiempo, durante la época en la que el tiempo lo permitía, un buque de la Armada de la India anclaba al borde del anillo de coral y enviaba pequeños botes a través de los estrechos en los arrecifes para que se aproximaran a la playa. Sólo a la playa, no a tierra. Los botes tenían que asegurarse de no recibir una flecha por aire o ser atacados directamente por los Sentineli.
 
Estos extraños, de la misma forma que los británicos antes que ellos, fueron con regalos –generalmente plátanos y cocos–, que no existan en la isla, y en ocasiones otro tipo de obsequios como collares de cuentas, pelotas de goma, ollas y sartenes. Una vez que los forasteros se acercaban al límite de lo que consideraban seguro, lanzaban por la borda los artículos para que flotaran hasta la orilla de la playa. O, si la expedición era lo suficientemente grande como para asustar a los Sentineli, eventualmente se aventuraban a ir a tierra firme, pero sólo el tiempo suficiente para dejar los regalos y salir de allí antes que los Sentineli decidieran atacar. Cuando un equipo de la National Geographic se quedó demasiado durante una de sus visitas en 1975, un guerrero Sentineli apuntó una flecha y acertó justo en la pierna del director, después de quedó allí, en la playa, riéndose de su hazaña.
 
 
No sería sino hasta principios de los 90s, 20 años después de esas visitas, que los Sentineli finalmente bajaron la guardia –solo un poco– y dejaron que los barcos se aproximaran más. A veces, miembros no armados de la tribu se posaban sobre la palaya mientras los barcos lanzaban los cocos por la borda. En ocasiones, incluso se metían al agua para recoger los cocos personalmente. Aun así, nunca permitieron que los visitantes se quedaran demasiado tiempo. Después de unos minutos, los Sentineli empezaban a hacer gestos amenazantes o “disparos de advertencia” – flechas sin punta como una señal de que la hora de visita se había terminado.
 
 
Fuente: marcianosmx

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