Mundo
Lunes 18 de Abril de 2016

Ascienden a 246 muertos y más de 1500 heridos por el sismo en Ecuador

El terremoto de 7,8 grados de magnitud registrado el sábado fue el peor desde 1979. La cifra de fallecidos en el desastre natural es aún provisional.

El terremoto de magnitud 7,8 registrado el sábado en Ecuador, el peor desde 1979, dejó 246 personas fallecidas y 1.557 heridas, así como inmensos daños materiales aún no cuantificados, de acuerdo con los últimos informes oficiales difundidos ayer.
La cifra de personas fallecidas es aún provisional, pues se esperan rescatar más cuerpos atrapados en los escombros de casas y edificios caídos en los que se desarrolla una intensa labor de búsqueda, para la que Ecuador pidió ayuda internacional.
La población costera de Pedernales, un balneario de 26 mil habitantes, se convirtió en el centro de atención por el devastador impacto del sismo que desplomó viviendas, hoteles y la mayoría de construcciones altas del sitio.
Hasta el momento se han logrado rescatar aquí los cuerpos de más de un centenar de personas y, según cálculos del Ministerio del Interior, existirían otras 150 personas sepultadas.
El desastre obligó a declarar a Ecuador en estado de excepción y movilización y a seis provincias costeras, Guayas, Santa Elena, Santo Domingo, Esmeraldas, Los Ríos y Manabí, se les declaró en emergencia y se dispuso la suspensión indefinida de las clases en los establecimientos educativos.
El Ministerio de Finanzas movilizó una línea de 300 millones de dólares para atender la contingencia.
El presidente de Ecuador, Rafael Correa, quien retorna al país luego de desarrollar actividades en Europa, utilizó la red social Twitter para dar aliento y solidaridad a sus compatriotas.
Correa indicó que se ha dado “prioridad inmediata” de rescate a las personas que puedan encontrarse aún bajo los escombros, tarea para la que dijo se cuenta con “apoyo de rescatistas desde el exterior”.
“La seguridad pública controlada. Albergues preparándose. Todo el país movilizado. Gracias al mundo entero por solidaridad”, señaló el gobernante en su página en la red social.
De igual manera actuó el vicepresidente Jorge Glas, quien recorrió ayer la provincia de Manabí para afrontar directamente las necesidades.
Un país devastado.  Los canales de televisión de Ecuador transmitieron desde la madrugada imágenes de los destrozos, las que dieron cuenta de un país devastado.
Miles de casas afectadas, decenas de ellas destruidas totalmente, edificios derruidos y caídos, infraestructuras de torres eléctricas y un puente en Guayaquil son algunos de los perjuicios.
Hasta el momento la información oficial asegura que se han registrado 189 réplicas de diversa intensidad y según el Instituto de Geofísica se espera que nuevos movimientos se registren “incluso en los próximos días”.
La mayor tragedia colectiva está en la pérdida de vidas humanas, un golpe al sentimiento de los ecuatorianos que viven esta situación luego de tres décadas de un terremoto de proporciones en su territorio, en 1979.
En otro orden la población está severamente golpeada por la pérdida de sus casas, centenares de ellas destrozadas totalmente y un gran mayoría sobre la que se deberá actuar en su reparación. La reconstrucción del país es una tarea inmediata para Ecuador.
Para esas labores el gobierno pidió la ayuda internacional y se han registrado pronunciamientos de la Unasur, la Unión Europea, sus vecinos Colombia y Perú, países latinoamericanos como Bolivia, Brasil, Argentina, Venezuela, Uruguay, Paraguay y México.
Desde numerosas naciones del mundo Ecuador ha recibido muestras de solidaridad y apoyo e incluso bendiciones del Papa Francisco.
Los terremotos son habituales en Ecuador, ya que debido a su ubicación sobre la llamada Placa de Nazca, que choca en períodos con las placas continentales, sufre movimientos telúricos cada cierto tiempo.
Entre los peores se recuerda el de 1906 en las costas de Ecuador y Colombia, de magnitud 8,8 y que provocó un tsunami en Esmeraldas; el de 1942 de 7,8 y el de 1979 de 8,2, que dejó más de 40 muertos y desestabilizó la economía nacional por la rotura del oleoducto transecuatoriano.

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