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Lunes 21 de Noviembre de 2016

Aprendé a quebrar el círculo del miedo

Si bien a ninguna persona le agrada sentir miedo, todos le tememos a algo.

Si bien a ninguna persona le agrada sentir miedo, todos le tememos a algo, ya sea que seamos conscientes o no. Lo importante es que el miedo no crezca con el paso del tiempo y nos supere, transformándose en una situación difícil de manejar.

Comparto a continuación algunas ideas prácticas para quebrar el círculo del miedo:

Reconocer que sentimos miedo.
Esto significa que no deberíamos tenerle miedo al miedo. Aunque suene extraño, muchas personas temen sentir miedo y dicha actitud solo empeora las cosas. Si aparece el miedo quiere decir que uno está avanzando en la vida y saliendo de su zona de comodidad, porque esta emoción siempre acompaña a los conquistadores que enfrentan grandes desafíos. Que uno avance no implica que lo haga sin miedo, sino ir hacia lo nuevo a pesar del temor que es perfectamente natural. El primer paso para superar el miedo es reconocerlo. ¿Cómo? Expresándolo de manera adecuada, sin reprimirlo ni hacer de cuenta que no existe.

Creer en uno mismo.
Según el psicólogo Bandura, la autoeficacia surge al evaluar las capacidades propias y las circunstancias que uno atraviesa. Si te enfocás en tus puntos fuertes y en la situación en la que te encontrás, serás capaz de confiar en vos mismo, lo cual afectará tu conducta y la manera en que enfrentás el miedo, cada vez que este aparezca.

Procurar deshacernos de los miedos tóxicos y reemplazarlos por emociones reales.
Cuanto más nos concentramos en una cosa, esta más se refuerza y se hace parte de nuestra realidad. Por esa razón, en lugar de intentar no pensar en algo negativo, lo mejor es reemplazarlo por algo positivo. Nadie puede cambiar a otra persona pero sí podemos lograr tener control sobre nuestras conductas y, sobre todo, nuestra mente.

Mirar el miedo a los ojos.
En cierta tribu de indígenas se les enseñan de chiquitos a los niños a enfrentar el miedo y se lo enseñan así. Los sientan y los hacen imaginar. Les hacen cerrar los ojos. Les hacen imaginar una víbora de veinte metros que tiene dos cabezas y está parada delante de ellos. Les cuentan el relato como si estuvieran en esa situación. Les hacen imaginar que cada vez que se van para atrás, las cabezas de las víboras crecen. La víbora crece. Cada vez que uno quiere salir corriendo, la víbora lo persigue y crece, crece, crece. Pero si uno la mira a los ojos, la mira fijamente, cuanto más la mira, la víbora se achica, se achica, se achica mientras que uno sigue mirando. Es un juego, pero les enseñan a que cuando uno enfrenta su miedo, cuando mirás a tu miedo a la cara, este empieza a achicarse hasta que se hace hormiga y, entonces ahí, lo podés matar.

Esto significa que cuando uno enfrenta sus miedos, estos disminuyen su tamaño hasta desaparecer. No tapes tus miedos ni huyas de ellos, o te acompañarán toda la vida.

Tener pensamientos de acción.
A cada miedo reconocido, necesitamos oponerle una posible acción de nuestra parte. Por ejemplo, un hombre podría preguntarse: "Si yo me le declaro a ella, ¿qué sería lo peor que me podría suceder?". Y luego anotar la/s respuesta/s. "Lo peor sería que me dijera que no siente lo mismo por mí". Esto se trata de confeccionar un inventario de las peores situaciones posibles y de pensamientos de previsión, o de solución, que nos ayuden a enfrentarlas. Siempre, antes de encarar un nuevo desafío que te atemorice, tomate un tiempo para pensar cómo resolverías los miedos que puedan surgir.

Compartir nuestra vida.
El egoísmo alimenta el miedo pero abrirnos a compartir con otros y pensar en los demás alivia los síntomas y con el tiempo nos libera de todo temor que amenace nuestra vida.

¿Cuál es el origen del miedo?
Detrás de todo gran miedo existe el temor a ser abandonado. Resulta muy terapéutico recordar en qué situaciones de la infancia sentimos este temor y, a la vez, perdonar a aquellos que nos hicieron sentir de esa manera. Todos los seres humanos, sin distinción de raza, credo o bandera política, vamos detrás del bien más preciado que podemos tener en la vida: el amor. Pero la primera persona que debería y puede brindárnoslo es uno mismo.

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