Mundo
Miércoles 23 de Marzo de 2016

¡Apa! Los piojos cambiaron su ADN y son cada vez más resistentes

“En los ensayos de laboratorio, los piojos argentinos están entre los más resistentes del mundo a los tratamientos”, dice el doctor en biología Ariel Toloza, investigador del CONICET.

“El químico que se aplicó en el país durante años, hizo que mutaran y se volvieran más fuertes”, describe.
 
Para Gonzalo, un papá de Flores, está claro: “Este año mi hijo se contagió dos veces, en el verano en la colonia de vacaciones y cuando volvió al colegio. Ahora, los piojos también se pasaron a mi esposa. Tuvimos que ir al pediatra todos...”
 
Acá, la lucha es contra los “superpiojos”.
 
Toloza, miembro del Centro de Investigaciones de Plagas e Insecticidas (CIPEIN), pone en contexto el tema: “En los dos últimos años hicimos un relevamiento con más de 2.000 chicos de escuelas primarias de Capital y GBA. El resultado: uno de cada cuatro tenía piojos, en promedio”.
 
El valor, del 25 por ciento si se proyecta el número, es muy alto. En algunos países, como Estados Unidos, el parásito afecta a menos del 5% de la población escolar.
 
Marilina, otra mamá, no sabe cómo continuar con la pelea. En un foro de Facebook en el que los padres intercambian consejos, suplica: “Necesito consejos. Ya no sé qué le puedo poner a mi nena que va a cumplir 3 añitos... Probé varios productos, le duran un tiempito y le vuelven. Por favor, estoy exhaustaaaa”.
 
Pero la respuesta no es del todo optimista, aunque tampoco se trate de un drama. Habla la dermatóloga infantil María Eugenia Abad, del Hospital Alemán.
 
“La infectación por piojos no deja inmunidad. Esto quiere decir que cada vez que estás en contacto con alguien que tenga el problema, te podés volver a contagiar”, dice. Así, la lucha puede repetirse varias veces a lo largo del año. Encima, por factores químicos que aún se desconocen, hay chicos más propensos a atraer y alojar en su cabeza al parásito.
 
¿Por qué en Argentina crecieron los “superpiojos”? Pura Teoría de la Evolución. Explica Toloza: “A diferencia de lo que sucedió en otras partes del mundo, acá se usaron por décadas tratamientos en base a permetrina, una sustancia química que antes era muy efectiva. Pero el mercado no ofreció drogas alternativas”.
 
Esta apuesta a lo más efectivo, generó que los parásitos empezaran a mutar su ADN y lograran desarrollar respuestas. Las concentraciones del fármaco fueron aumentando y, en pocos años, aparecieron fórmulas que elevaron del 1% al 5% la presencia de permetrina. Pero, en muchos casos, esas lociones dejaron de matar a los bichos. Y las dosis tienen un techo, por el riesgo de intoxicación.
 
“Cuanto más combatís a los piojos, más los fortalecés”, ironiza el biólogo.
 
Los piojos se reproducen rápidamente. Por eso, siempre vuelven.
 
Viven 30 días, en cualquier época del año. A partir del día 15, las hembras depositan huevos o liendres. Pueden dejar más de 200 huevos.
 
“El uso de compuestos con permetrina aceleró la selección natural. De cada 100 piojos exterminados, sobrevivieron los dos o tres más fuertes. Y, a lo largo de los años, esos fueron los que generaron las nuevas generaciones más resistentes”, completa.
 
Aunque ahora son más fuertes, hay tratamientos recientes que erradican los bichitos.
 
Al menos, hasta que vuelvan a mutar. Una de las terapias la desarrolló el CIPEIN y se comercializa en las farmacias. Se trata de compuestos creados mediante nanotecnología y que no contienen insecticidas que puedan resultar tóxicos. Aplican una suerte de film inmovilizante para el parásito.
 
Los piojos quedan “envueltos”, como si se usara un spray, y se les bloquean las traqueas. Mueren por deshidratación. Otra opción, pero que requiere receta médica y la consulta al pediatra, tiene como base la droga ivermectina.
 
La batalla, igual, sigue lejos de ganarse.
 
“Mientras haya personas con pelo, van a existir los piojos”, se ríe Toloza.
 
 
Fuente: clarin

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