Espectáculos
Domingo 20 de Noviembre de 2016

Antonio Banderas habla sobre su divorcio y la llegada de Donald Trump a la presidencia de EE UU

El actor se refuerza como empresario y diseñador mientras observa con preocupación la vida política.

Después de su divorcio de la actriz Melanie Griffith, y tras ver que sus hijos ya habían crecido, Antonio Banderas se encontró con nuevo espacio en su vida. Dice que fue entonces cuando decidió desdoblar su carrera, y añadir la palabra diseñador a su currículo de actor español más internacional: "Decidí dar un salto creando la compañía Antonio Banderas Desgin, que no va a englobar solo el terreno de la ropa".

Poco se imaginaba el intérprete que cuando hace una década se convirtió en la imagen de Viceroy, lanzaría una colección de relojes con esta marca española. De hecho, el motivo de su estancia el viernes18 de noviembre en Madrid fue la presentación de cinco piezas para hombres y tres pulseras. Y otra novedad: sus primeros diseños para mujeres en forma de siete relojes.

Pregunta. ¿Se animará a lanzar una colección de ropa para ellas tras la masculina?

Respuesta. Sí, me lo planteo. Lo que pasa es que las mujeres son muy complicadas. Me decía [el diseñador] Tom Ford hace días: 'Desde que diseño ropa de mujer, no descanso'. Cada dos semanas hay que reinventar el armario. Los hombres somos mucho más aburridos y cobardes... en el vestir —matiza antes de soltar una carcajada—.

Banderas (Málaga, 1960) es alguien con determinación: "Las cosas no pasan por casualidad, hay que meterle mucho tiempo, mucho cariño y mucha capacidad de sacrificio". Tiempo y cariño que a él le dedica su pareja, Nicole Kimpel, quien mientras Banderas estaba encerrado dando una entrevista a una televisión, ella buscaba una sala para poder verla en directo.

Siguiendo con su filosofía de vida, el actor se puso a estudiar moda en la prestigiosa escuela londinense Central Saint Martins: "Si te lanzas a realizar un trabajo, es muy importante adquirir los conocimientos necesarios. Para, por ejemplo, poder relacionarme desde un cierto nivel con otros diseñadores. Implicarme más allá de que mi nombre aparezca en la marca, y generar así credibilidad. Eso es importantísimo en este mundo con la competitividad que hay, y, sobre todo, para alguien que viene de otro lugar".

Quizá porque es un diseñador novel o porque conoce cuál es su principal nicho de mercado, sabe que su sitio no está con las grandes casas de moda. "No puedo meterme a vender prestige, porque me estrello. Tengo que estar con un producto de calidad, y con un ratio entre la calidad y el precio muy específico. Si me salgo de ese margen entonces me estoy equivocando, y eso lo tengo que tener muy claro". Por eso sus polos no alcanzan los 40 euros y el más caro de sus relojes, en los que también ha colocado en la esfera su logo de dos banderas, cuesta 139 euros.

Banderas reparte la mayor parte de sus días entre EE UU y Reino Unido, y ha seguido con el mismo interés —y se intuye que decepción— el Brexit y la victoria de Donald Trump en las elecciones estadounidenses. "Uno piensa que tiene que haber mucha gente que no ha vivido las cosas como yo porque han votado a estos tíos o estas cosas. Te preguntas qué es lo que está pasando; si se trata de un enfado o de otra cosa. Un efecto parecido sucedió cuando Cicciolina entró hace años en el Parlamento italiano. Pero ahora a lo bestia".

Banderas, que en 2011 abrió su casa de Los Ángeles para que Barack Obama recaudara fondos para su reelección, cree que la crisis está detrás del "enfado terrible de la gente y de la protesta absoluta". Y aún quedan los comicios presidenciales en Francia del año que viene, con el ultraderechista Frente Nacional de Marine Le Pen pisando fuerte. "Vamos a ver cómo reacciona el pueblo francés a todo esto, y si el populismo al final va a ganar la batalla a la razón. Aunque probablemente sea lo que menos te pide el cuerpo, quizá la mesura sea la mejor solución".

Ha puesto su nombre en carteles de las películas, en fragancias, en ropa y ahora en una colección de relojes. Pero Banderas tiene todavía metas: "Convertir mi profesión en lo que fue al principio, en mi hobby. En no hacer las cosas porque quiera ganar dinero o reconocimiento de ningún tipo, sino porque me dé la gana. Y, sobre todo, contar historias sobre el tiempo que me ha tocado vivir. Estoy escribiendo mucho, y para ello necesito financiación para no depender de nadie".

LA ESTRATEGIA CON MELANIE GRIFFITH

Unas 460.000 personas siguen los pasos de Antonio Banderas en Twitter e Instagram. Fue en las redes sociales donde hace pocos días publicó un mensaje con una fotografía de su exmujer y su apoyo a la labor que esta realiza por ayudar a los supervivientes del terremoto de Haití. Una relación entre ex que despertó el interés de algunos medios, olvidando el mensaje de fondo. "Yo sabía que en el momento en el que apoyara cualquier causa de Melanie [Griffith], para bien o para mal, eso se iba a convertir en más noticia que lo que realmente tratamos de reflejar. Pero lo que yo le dije a ella es que publicáramos primero una de las fotos, y luego lo hiciéramos de manera constante. Para que el hecho de que hagamos eso juntos se convierta en una cosa natural, y la gente ponga el foco en lo otro", revela su estrategia quien también es embajador de buena voluntad del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y desde hace siete años organiza una gala benéfica en Marbella. "Se supone que deberíamos de estar tirándonos ceniceros a la cabeza o negando la existencia del otro. Melanie y yo nos tenemos muchísimo cariño, y hay cosas de ella que me gustan mucho", dice de la madre de su hija Stella.

El actor, productor y director ya tiene cinco guiones escritos, uno de ellos sobre la inmigración. Y, mientras su sueño se hace realidad, acaba de terminar el rodaje de Stoic y el lunes empieza otra película, como él mismo anunció en su cuenta de Twitter e Instagram. Además, tiene ya terminadas cuatro películas. "Hoy comienza la segunda parte del partido de mi vida", dijo en 2015 al recoger su Goya honorífico. Se lo ha tomado en serio: sus palabras nunca fueron tan ciertas.

Fuente: El País

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