Policiales
Martes 04 de Agosto de 2015

Absolvieron a un policía que había sido condenado a 12 años por culpa de su ex novia

Un tribunal planteó que no había más pruebas que el dudoso testimonio de una ex pareja quien lo incriminó tras romper la relación. Ocurrió en Rosario.   

Un policía que había sido condenado a 12 años de prisión acusado de matar de un balazo por la espalda a Marcelo Fabián Parroni en barrio Acíndar resultó absuelto por tres jueces que, a cuatro años del crimen, revisaron la sentencia. Los camaristas no encontraron más pruebas que la versión de una ex novia del uniformado a la que consideraron "dudosa", ya que al incriminarlo favoreció a su padre y a un hermano que habían sido detenidos en un primer momento por el hecho. Además encontraron inconsistencias en ese relato que había colocado en el ojo de las sospechas al efectivo que finalmente quedó desvinculado del caso luego de tres años y medio con medidas de privación de la libertad.

El fallo fue dictado ayer por un tribunal integrado por el camarista penal de Venado Tuerto Tomás Orso y sus pares rosarinos Carlos Carbone y Guillermo Llaudet (quien se abstuvo de votar). Los jueces revocaron la condena a 12 años de prisión que en noviembre del año pasado le había impuesto la jueza de Sentencia María Isabel Mas Varela al policía Alan Della Bianca, como autor de un homicidio agravado por el uso de arma de fuego.

Por la espalda. El policía estaba acusado de dispararle varias veces por la espalda a Parroni, de 33 años, crimen ocurrido el 24 de junio de 2011 entre las 0.30 y las 2.20 en Nahuel Huapi y Mosconi, jurisdicción de la comisaría 18ª. El policía fue acusado de reaccionar a tiros tras advertir que habían violentado su auto estacionado en la puerta de la casa de su novia, donde dormía, y sorprender a la víctima cuando escapaba corriendo junto con otro sujeto. Parroni murió de una hemorragia masiva cardiopulmonar luego de que un tiro le atravesara la espalda.

En un primer momento fueron acusados el padre de la ex novia del policía, Antonio C., de 53 años, y su hijo Walter Antonio, de 20. Pero la investigación dio un giro cuando la ex pareja del policía, Natalia, se presentó en un juzgado seis meses más tarde y acusó a Della Bianca como autor de los disparos. El policía lo negó y acusó al ex suegro de involucrarlo: "Me estaba portando mal con Natalia y entonces el padre se metió en nuestra relación acusándome de algo. Me dijo que la iba a pasar muy mal y me pedía plata para no meterme en un lío".

En agosto de 2012 Della Bianca fue procesado por el juez de Instrucción Luis María Caterina, quien sobreseyó al padre y al hermano de Natalia. Además descartó la legítima defensa porque quien abrió fuego lo hizo cuando los ladrones huían y sin que su vida corriera peligro.

Pruebas insuficientes. Luego de pasar tres años ligado al proceso el policía fue condenado. El fallo fue apelado por su defensor, Rodrigo Mazzuchini, quien cuestionó que la acusación se basara en el "poco creíble" testimonio de Natalia, al que consideró como un recurso para librar de responsabilidad a su padre. El letrado señaló que no se hicieron reconocimientos y planteó que algunos detalles de ese relato se contradecían con los aportes de testigos. Por su parte el fiscal Guillermo Camporini pidió la confirmación de la condena.

Al analizar las pruebas de la causa, los jueces advirtieron que eran insuficientes para fundar una condena. En primer lugar, señalaron que al ser la principal testigo una familiar directa del primer sospechoso y además ex novia del condenado el análisis de sus dichos debe ser más cuidadoso. Pero además encontraron inconsistencias en ese relato.

Recordaron que el padre de la mujer fue detenido en base a la declaración de Mauro S., un amigo de la víctima que lo acompañaba al momento del hecho. Este hombre fue quien la madrugada del crimen fue a avisarle al padre de Parroni que su hijo estaba herido en Heca. "El sabe todo porque estaba con mi hijo pero no quiere hablar", contó el padre de la víctima. Dijo que su hijo "no tenía problemas con nadie" y que esa madrugada tenía previsto ir a cuidar coches al Club Provincial "porque había un torneo de patín".

Esa noche. El testigo finalmente se presentó y contó que esa noche estaba con Parroni y otros amigos en la zona de Centeno y Constitución, a unas cinco cuadras del lugar del hecho, y que decidieron ir a visitar a una chica que vivía en un Fonavi de barrio Acindar, al otro lado de la vía. Contó que en una cortada pasaron junto a un Peugeot 504 estacionado.

"Se ve que el dueño de casa se persiguió de que íbamos a hacer algo, salió a un patio de adelante y disparó un tiro al aire", dijo. Ellos corrieron y vieron que salía a la vereda, donde realizó otros tres tiros. El último alcanzó a Marcelo en el pecho y desconocidos que pasaron en un auto lo acercaron hasta el Heca. Del agresor sólo pudo decir que era "alto, no gordo", aunque describió con precisión la casa.

Así, el 19 de octubre de 2011 se ordenaron allanamientos a esa casa donde no se encontró arma. Con padre e hijo acusados, según los jueces, desde ese momento "del expediente no surge otra cosa" hasta que "casi dos meses después el curso de la pesquisa cambia drásticamente de rumbo" con la declaración de Natalia.

Dos meses después de romper la relación, la chica sostuvo que estaban acusando injustamente a su padre. Que esa noche estaba con su novio en la pieza de atrás de su casa cuando escucharon que se activaba la alarma del auto del policía, un Peugeot 505 azul oscuro.

Relató que desde una persiana vio que dos muchachos trataban de abrir el baúl y su novio salió a la vereda, comprobó que la cerradura estaba forzada y vio que dos jóvenes se alejaban "como si no hubiese pasado nada". Entonces regresó a buscar el arma. "Sale y les dispara. Luego se retira en un auto", detalló.

Inconsistencias. Para los jueces "llama la atención que la alarma la escucharan solamente el imputado y Natalia" y que su versión "no concuerda con lo expresado por su madre, respecto de que había tomado una pastilla y recién tomó conocimiento al día siguiente". Además, puntualizaron, una chica que compraba cigarrillos en un quiosco cercano y se tiró al piso al oír los disparos dijo que no vio ni escuchó salir un auto del lugar.

"Tampoco resulta lógico que Walter no decidiera poner en conocimiento lo que sabía desde la misma noche", dijeron. Otro elemento que había sido considerado en contra del acusado es que cambió su arma reglamentaria. Para los jueces eso no lo incrimina porque ocurrió a seis meses del hecho, el arma anterior no fue destruida y no hay material balístico secuestrado en la causa. Señalaron falencias investigativas, como que no se cotejaran los rasgos del acusado con la descripción que hizo del homicida el principal testigo, "máxime cuando la propia Natalia expresó que la persona que buscaba la policía coincidía con el aspecto físico de su padre y uno de sus hermanos".

También realizaron observaciones respecto del auto. El testigo "cree haber observado un Peugeot 504 azul oscuro". El imputado tenía un auto de ese color pero 505, "es decir un modelo bastante más grande". "En tanto Antonio C. tenía justamente un Peugeot 504" que había usado como taxi y que, según un cuñado, lo había pintado de negro al vencerse el modelo exigido por la Municipalidad para usarlo como autor de alquiler. Esa cuestión "tampoco fue investigada".

"Despecho". Por último, plantaron conjeturas acerca de la acusación formulada por Natalia a su ex. Como lo planteó el primer fallo, admitieron, pudo callarse los primeros meses "por amor a su novio". Ella declaró "muy emotivamente y llorando, lo cual demuestra angustia y dolor", pero también pudo hacerlo por "despecho", lo que además beneficiaba a su padre y hermano. En todo caso, consideraron que "ambas explicaciones son posibles" pero no alcanzan para disipar las dudas que beneficiaron al imputado.

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