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Viernes 13 de Octubre de 2017

Esto es la triscaidecafobia: ¿Por qué tememos al número 13?

Pasar por debajo de un andamio o escalera, romper un espejo o cruzarse con un gato negro son ese tipo de cosas que un supersticioso evitará a toda costa. Si bien, mientras que esas acciones pueden tener un pase, hay una cosa que nunca, jamás de los jamases, hará: algo relacionado con el número 13.

Desde tiempos inmemorables, el 13 ha sido sinónimo de mala suerte, y todo aquel que se topa con ella espera un mal augurio, pero ¿de dónde viene tanta animadversión al número 13?
La primera constancia que se tiene sobre esta superstición proviene de la mitología escandinava. Según la leyenda del banquete de Valhalla (similar a La última cena cristiana), eran 12 los invitados a celebración, pero Loki, el espíritu de la ira, celoso por no haber sido invitado, consiguió colarse, lo que convirtió a los comensales en 13. La acción de Loki trajo nefastas consecuencias para el Olimpo escandinavo, en el que se desató una guerra que terminó con Balder, el dios favorito, muerto. De ahí que se extendiera que el número 13 fuera síntoma de mal presagio.

La siguiente constancia histórica data del siglo 18 a.C y se sitúa en la antigua Babilonia, lugar de nacimiento del Código de Hammurabi. Este documento es el primer referente que se posee sobre una ley escrita, y también es el primer vestigio rubricado sobre la repudia al 13, ya que esta cifra se omite durante todo el texto: Hammurabi la consideraba de mal agüero.
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Los egipcios, por su parte, la tradujeron directamente como muerte, algo que ha heredado el Tarot, en el que la carta 13 simboliza a la parca. Según la religión del dios Ra, el espíritu tenía que pasar por 13 etapas a lo largo de su ascensión, 12 en esta vida; y la última, la número 13, en la muerte.

Otra religión que ha continuado perpetuando la mala fama de la cifra maldita ha sido la cristiana. Según el Nuevo Testamento, a la última cena acudieron 13 invitados, 12 apóstoles más Jesús. Después del banquete, el profeta fue prendido y asesinado por culpa, además, de alguien que se encontraba en aquella reunión final: Judas, el invitado número 13, el que no tenía que haber estado allí.

Sin embargo, lejos de construcciones eruditas, existen fenómenos empíricos que se suman a la lista de causas de la mala fama. A muchos sonará la famosa frase: "Houston, tenemos un problema", pues bien, ésta procede de la misión Apolo 13, un viaje interestelar con el objetivo de llegar a la luna que estuvo más bien a punto de colisionar. El 13 no solo figura en el nombre de la misión, sino que, además, la nave despegó a las 13:13 horas.
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Viernes 13: El origen

Claro queda que los supersticiosos pueden tener razones de sobra para temer al número, pero ¿por qué al viernes 13? Esta vez hallamos el motivo en un hecho histórico, en una auténtica quema de brujas, en la caza inquisitiva de la Iglesia Católica a los templarios. El viernes 13 de octubre de 1307 el rey Felipe IV de Francia ordenó la captura y quema de todos los caballeros de la Orden del Temple, acusados de herejía y sodomía. El suceso, que forma parte de la historia negra de Francia, ha puesto la guinda al cúmulo de casualidades que dan al viernes 13 el halo tenebroso que tiene hoy.

El cine también ha puesto su granito de arena en la superstición, ya que el asesino de la saga terrorífica más aclamada de todos los tiempos, Jason Voorhess, nació un viernes 13. La película slasher no es la única que ha utilizado el número, ya que ha aparecido en otros títulos como 13 fantasmas.
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Triscaidecafobia, el pavor al número 13

El número 13 vive en el más puro ostracismo, alejado de hoteles, líneas de autobús y mesas de restaurantes. Según un estudio de Kiwi.com, los españoles reservan un 10% menos de vuelos en viernes 13. Este fenómeno no es algo exclusivo de nuestro país, sino que en naciones como Suecia, Corea del Sur o Francia se reserva un 29,2%, 9,17% y 6% menos respectivamente.

Es tal la fobia que genera el tener que viajar o alojarse en una habitación con dicha cifra, que el fenómeno ha recibido nombre propio: triscaidecafobia.

Esta palabra, que más bien parece un trabalenguas, no sólo se refleja en los viajes, sino que también tiene sus efectos en la Fórmula 1 y en el mundo automovilístico en general, donde se evita a toda costa la famosa cifra. Y si no, recordemos al piloto Ángel Nieto, proclamado 12 +1 veces campeón del mundo. Igualmente, la línea de autobuses de Madrid no utiliza dicho número.
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En los hoteles suele ser común que se evite tanto la planta 13 como habitaciones con dicha cifra, algo que sucede de manera similar en los algunos restaurantes, donde omiten mesas con numeración 13. Esta costumbre va, en Francia, mucho más allá, ya que en el país vecino se omite en la numeración de las calles.

Y si nos ponemos a hablar de suerte, mientras que en España es un número codiciado por algunos en la lotería nacional, en Italia no se vende ningún boleto con dicha cifra por orden estatal.


La otra cara de la moneda
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Apartado, vilipendiado y olvidado, el 13 ha terminado siendo una especie de paria en cuanto a números se refiere. Sin embargo, muchos ignoran la de cosas buenas que ha reportado. De hecho, en los Estados Unidos está considerado como un número de buena suerte, pues está presente en varios de sus símbolos nacionales, como en el reverso del billete de un dólar, donde la pirámide que lo adorna posee 13 escalones, o en el águila heráldica, que sostiene una rama de olivo con 13 escalones. Además, sobre el animal vuelan 13 estrellas, que representan las 13 colonias originarias que conformaron el país, convirtiendo la cifra, esta vez, en un sinónimo de buena suerte.

El 13 no sólo ha dado cosas buenas en Estados Unidos, sino que sus buenas vibraciones se pueden extrapolar a nivel mundial: un 13 de enero de 1969, los Beatles lanzaron uno de sus álbumes más exitosos, Yellow Submarine; un día 13 nació el icono infantil por excelencia, Mickey Mouse; un martes y 13, el mundo vivió uno de los mayores símbolos de pacifismo: se unificaron las dos Alemanias; pero, por encima de todo, sólo necesitamos 13 músculos para sonreír.

Fuente: elmundo

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