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Sábado 08 de Julio de 2017

Es empleada doméstica y se recibió de abogada para ayudar a su marido preso

Tiene 9 hijos. Busca mejorar las condiciones en la que está detenido y defender los derechos de las mujeres que visitan a familiares tras las rejas.

Tiene dos nombres y usa los dos. Antepone el apellido cuando se presenta. "Changala, Alba Susana". Hasta la semana pasada, tuvo un "salvavidas": trabajaba como empleada doméstica. Con eso le dio de comer a sus 9 hijos, de entre 10 y 32 años. Hoy, a los 51, tiene el título universitario por el que luchó para defender a su esposo, preso desde hace 8 años por un delito sexual.
El miércoles pasado se recibió de abogada en una ceremonia en la que juró la primera camada de 41 graduados de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de José C. Paz (UNPAZ).

"No me recibí de abogada para defender su inocencia. Lo que vivió mi esposo en los 5 penales por los que pasó es horroroso. También lo que viví yo y lo que vivimos las familias de todos los detenidos cuando vamos a visitarlos. Ahora sé cuáles son los derechos de todos", cuenta a Clarín desde el barrio Frino, uno de los más peligrosos de José C. Paz.

Antes de esta "abrupta exposición" que -según dice- aceptó para que "gente que tiene todo en contra sepa que puede superarse a sí misma", Alba Susana recuerda el primer día de clases en la facultad.

"El 80% del turno noche estábamos en la misma: la de trabajar y estudiar. Uno de mis compañeros trabajaba en una panadería y llegaba siempre con los zapatos llenos de harina; otro, que se sentaba atrás mío, era albañil. Ahora los cruzo de traje, que trabajan en el banco. Me enorgullece."

Todo lo dice como "minimizando" el esfuerzo. "Como la universidad me quedaba a 15 minutos de casa, fue fácil asistir a clase." Fueron 5 años en los que se las arregló para estudiar desde las 3 a las 6 de la mañana, el único momento de lunes a viernes en el que tenía un espacio para ella.

Alba Susana terminó la carrera con un promedio de 9,50 en todas las materias.

"Los profesores también ayudaron -dice, en línea con bajar el tono de lo que todo el barrio considera un logro increíble-. Un libro podía salir $ 3.000 o $ 5.000, cuando me enteré de eso dije 'chau', no puedo seguir esta carrera. Pero los profesores nos los prestaban para estudiar".

Hace 8 años, cuando Juan Carlos (para preservar la identidad de los menores se reserva el apellido) quedó preso, la hija que en ese momento tenía 12 años se encargaba de cocinar. "Fueron muchas cenas de fideos pegados", recuerda con humor. Pero no hay más chistes en la charla. Alba Susana vuelve a lo que la motivó a estudiar Derecho.

"Cuando mi esposo estaba en la Unidad 1 de Olmos o en la cárcel de Sierra Chica, no llevé a mis hijos a visitarlo. No los hice pasar por eso. Hasta le tenía que llevar comida. Era una cola de 200 personas para entrar con mercadería. Requisas espantosas, una vez me quisieron desnudar adelante de 3 o 4 personas más para hacer más rápida la fila. O tuve que dormir en la vereda para llegar a entrar, si vas tarde no entrás. Capaz que estás 5 horas haciendo cola para ver media hora a tu familiar", detalla.

Cuando tenga matrícula (el miércoles inicia el trámite) va a luchar por los derechos de las esposas de los presos desde la Comisión Veedora de Condiciones Carcelarias en el Colegio de Abogados de San Martín. "Nosotras somos inocentes, pero nos tratan como culpables, nos sentimos muy maltratadas. Ahora que mi marido está en una unidad mejor en Olmos, sus hijas van de vez en cuando a ver a su papá. "Porque hay sistemas más tecnológicos y menos abusivos. Un detector de metales (como el que usan los patovicas en los boliches). Antes, había mujeres que salían descompuestas de las revisaciones."

Alba Susana también recibió una propuesta para incorporarse en Derecho de Familia, un área de asistencia jurídica gratuita dentro de la UNPAZ, en convenio con el colegio de abogados y está haciendo una diplomatura en Educación Universitaria. A su marido le quedan dos años más tras las rejas. "No tiene salidas transitorias, la jueza le negó todo, aunque la pericia psicológica le dio bien", asegura.

Desde que terminó de cursar, en 2016, avisó a sus empleadores -trabajó en dos casas de familias adineradas y cuenta que tardó en decirles lo de su marido preso para que no la juzgaran- que iba a dejar de ir para dedicarse a su profesión. Y como "la doctora Changala", los resultados fueron instantáneos, antes de la matrícula.

El trámite para que le habilitaran el cobro de la jubilación de su marido llevaba meses. Pero, antes de recibirse, se presentó en la Anses y supo hacer notar que lo suyo era un derecho: la jubilación ya está en proceso.

Ella es la primera generación de universitarios en su familia.

"El miércoles recibí el diploma y el jueves me fui a ver a mi esposo. Estamos juntos desde los 17 años. No es que hubo brindis o algo cuando le conté. Hubo esperanza para mejorar la situación de los de adentro y los que entramos a verlos."

La "doctora Changala" tendrá que esperar hasta la semana que viene para viajar las 4 horas y media desde José C. Paz a Olmos para una visita a Juan Carlos que durará menos de 3 horas. "Ahora me respetan y me miran desde otro lugar. Te atropellan en la cárcel si no conocés tus derechos."
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Fuente: clarin

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