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Domingo 13 de Agosto de 2017

Advierten que la pobreza afecta al cerebro de los niños

Un estudio de Bangladés asocia los efectos de la malnutrición, la falta de higiene y otras adversidades con un menor desarrollo cognitivo en los niños.

Estudios de todo el mundo –realizados en Kenia, Brasil, Filipinas, Jamaica, Zimbabue...– sugieren que existe una conexión entre un crecimiento deficiente en los niños que viven en zonas pobres –provocado sobre todo por la malnutrición– y peores resultados tanto en pruebas cognitivas como en los resultados escolares. El más reciente de ellos tiene lugar en Bangladés, donde en torno a un 40% de los pequeños presentan un retraso en su crecimiento.

Estas investigaciones beben de otra previa, realizada en la década de los 60 en Guatemala. Allí, un equipo de científicos distribuyó un suplemento nutricional a pequeños procedentes de familias de zonas rurales porque tenían la teoría de que suministrarles proteína en sus tres primeros años de vida mejoraría sus opciones de crecimiento.

Y así fue: crecieron entre uno y dos centímetros más que aquellos otros niños que habían formado parte del grupo de control. Pero es más: los que recibieron esos suplementos adicionales también obtuvieron mejores puntuaciones en las pruebas de lectura y conocimiento que se les hizo después, ya de adolescentes; y cuando los investigadores regresaron al lugar en los años 2000, aquellas niñas –que ya eran mujeres– habían acumulado más años de escolaridad y aquellos niños –que ya eran hombres– tenían más ingresos económicos en el ejercicio de sus oficios.

Según todos estos estudios, un retraso en el crecimiento era signo de una dieta pobre y episodios regulares de enfermedades diarreicas en edades tempranas y podría predecir posteriores déficits intelectuales.

¿Pero puede atribuírsele toda la culpa a la mala alimentación? Existen estudios, como uno llevado a cabo en el año 2000 en orfanatos de Rumanía, que sugieren que el desarrollo del cerebro en los bebés –que en el caso rumano estaban bien alimentados pero se pasaban el día acostados en su cuna, mirando al techo y sin interactuar con nadie– también podría verse afectado por la falta de estímulos sociales y emocionales, ya que esta circunstancia acarrearía problemas cognitivos a largo plazo.

Fuente: Muy Interesante